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  • quarta-feira, 7 de novembro de 2018

    Desordenes de comportamiento Y obsesión Jorge Hessen

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha
    Charito era adicta a las drogas dio a luz a un niño llamado París. Nueve años después se quedó embarazada de nuevo y tuvo a la niña. El niño era más introvertido y tímido, mientras Ella era extrovertida, terca y determinada.

    Charito consiguió alejarse de las drogas durante algunos años. Sin embargo, cuando París tenía 12 años y Ella 3, tuvo una recaída (por seis meses) con cocaína. Fue difícil para París percibir que su madre era una adicta. Trastornado, con 13 años de edad, sofocó y apuñaló a su hermana 17 veces con un cuchillo de cocina. Después del crimen llamó al 911, el número de emergencia local. París le dijo a la policía que estaba durmiendo y que, al despertar, vio que Ella se había convertido en un demonio en llamas. Entonces, él habría tomado el cuchillo he intentado matar al "demonio".

    En 2007, París fue condenado a 40 años de prisión por el asesinato. Charity estaba convencida de que el crimen no había sido un accidente o resultado de una psicosis temporal, pues para ella, París realmente quería matar a su hermana. Charito cree que la recaída en las drogas contribuyó a dejar a París furioso. Sin embargo, de la misma manera cree que gran parte de lo que está detrás de la personalidad del hijo es genética. Porque el padre de París tenía esquizofrenia del tipo paranoico, caracterizada, por ejemplo, por la presencia de ideas frecuentemente de persecución, en general acompañadas de alucinaciones.

    El ambiente familiar y social tiene un papel importante en el desarrollo y el mantenimiento del trastorno de conducta. En algunos casos el uso de alcohol y drogas por la madre durante la gestación, y también de algunos medicamentos, ya han sido confirmados.

    Las personas con trastorno de conducta se caracterizan por patrones persistentes de conducta socialmente inadecuada, agresiva o desafiante, con violación de normas sociales o derechos individuales. Son personas carentes de amor y de aprecio por la sociedad, por eso ignoran al prójimo. Adoptan costumbres criminales sin ningún remordimiento, conservándose fríos e insensibles a lo que ocurre a su alrededor.

    Para la psicología el "self" en esas personas es desconectado del "ego", padeciendo una fisura que impide la completa relación que determinaría su adaptación al grupo social. El Espiritismo explica que esto procede de legados morales y espirituales que brotan de las experiencias infelices de otras existencias, cuando el Espíritu delinquió, camuflando su culpa y esquivando la coexistencia social. Y por las influencias espirituales que pueden llevar a desviaciones de conducta y mal carácter.

    Allan Kardec dice que hay varios tipos de obsesión, siendo el más grave el de subyugación, en el que el obsesor interfiere y domina el cerebro del encarnado. La subyugación puede ser psíquica, física o fisiopsíquica. Así, las enfermedades mentales o físicas también pueden, de acuerdo con el conocimiento espírita, sufrir influencias externas.En la época de Jesús los evangelistas comentaron diversos episodios de obsesiones. Lucas describió al hombre que se hallaba en el santuario, poseído por un espíritu infeliz, a gritar a Jesús, tan pronto le marcó la presencia: "¿qué tenemos contigo? ". [1]

    En una acción obsesiva, seguida de posesión y vampirismo, Marcos escribió sobre el auxilio seguro prestado por Cristo al pobre gadareno, tan íntimamente maniobrado por entidades crueles, y que más se asemejaba a un animal feroz, refugiado en los sepulcros.

    Ante estas inquietudes espirituales, Emmanuel afirma que el Nuevo Testamento trata el problema de la obsesión con el mismo interés humanitario de la Doctrina Espírita. En vista de ello, debemos mantenernos atentos y ampliar el servicio de socorro a los procesos obsesivos de cualquier procedencia, porque los principios de Allan Kardec reviven las enseñanzas de Jesús, en la antigua batalla de la luz contra la sombra y el bien contra el mal. [6]

    Referencias bibliográficas:
    [1] Lucas 4: 33,35
    [2] Marcos 5: 2,13
    [3] Mateo 9: 32,33
    [4] Juan 13: 2
    [5] Hechos 8: 5,7
    [6] XAVIER, Francisco Cándido. Siembra de los Médiums, dictado por el espíritu Emmanuel, RJ: Ed. FEB, 2001

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