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  • domingo, 4 de novembro de 2018

    Genética y caviares ante el mérito natural Jorge Hessen

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    El término meritocracia proviene del prefijo latino meritum ("mérito") y del sufijo griego gracia, ("poder"), sugiere coyunturas obtenidas por mérito personal. Es obvio que la estructura biogenética (los genes) no define méritos individuales, aunque puedan influenciar Si se considera que hay factores ambientales y espirituales, los méritos personales no pueden ser explicados sólo por factores genéticos.
    Vociferan especialmente los ideólogos "caviar" que hay contradicción en la creencia popular de la "meritocracia" considerando el modelo jerarquización basado en los méritos personales de cada individuo. Trompetean que nacer en una cuna de oro es mejor que nacer inteligente, porque dos personas genéticamente similares pueden tener puntuaciones diferentes en la prueba de QI, porque las más ricas invirtieron más recursos escolares en sus hijos. Gritan, así, los seguidores de la "romanesca ideología igualitaria" inclusive algunos “espiritas ateos” conforme declara el bloghttp://espiritismoateu.blogspot.com/ (creía!).
    Esta "vana ideología igualitaria", que extasía la mente des conexa de lógica, parece ser más "justa", y parece atender mejor a la parte más "desprotegida" de la sociedad. Pero la pauta del "igualitarismo" lleva consigo la mancha despreciable de la incapacidad de respetar el libre albedrío individual. La "fantasiosa ideología igualitaria" no conseguirá jamás establecerse con el consentimiento de los ciudadanos lúcidos, en vista de ello debe imponerse a la fuerza para que los "más iguaizinhos" (grupúsculos saqueadores de la libertad individual) conduzcan y prohíban la "libertad" del resto de la sociedad masa aturdida y reprimida.
    Vía de regla, los oportunistas e ideólogos "u obsesados por caviar son ateos, cubriendo, como vimos en el blog de antes, determinados "espiritas"... "espiritas"?... Hum... materialistas e impetuosos mensajeros de sistemas [represores] e incontestablemente están repletos de codicia (fascinados por dinero). Tales criaturas bucólicas no comprenden que la tan soñada y "folclórica ideología igualatoria" sería a corto plazo deshecha por la pesadilla lógico de la meritocracia y por la fuerza de las circunstancias.
    Las consideraciones espíritas, ciertamente, no pueden ser entendidas de forma ingenua y fatalista, según el concepto de que las cosas son como son en consecuencia únicamente de causas pasadas y de que debemos someternos a ellas. Rechazar la extrema desigualdad social y hacer lo posible para reducir las distancias que existen entre las personas es obligación de todos. Indudablemente no es natural la desigualdad extrema en la sociedad. Es obra de los egoístas y no de Dios. Pero esta desigualdad extrema desaparecerá cuando el egoísmo y el orgullo dejen de predominar. "Permanecerá sin embargo la desigualdad del merecimiento, pues que cada uno según sus méritos, como lo hizo Jesús." [1]
    En verdad, "El Espiritismo [...] frente a las doctrinas religiosas debilitadas, petrificadas por el interés material, impotentes para esclarecer el Espíritu humano, se alzó una filosofía racional, trayendo en sí el germen de una transformación social, un medio de regenerar a la Humanidad, de liberarla de los elementos de descomposición que la esteriliza y se enoja. [2] La Justicia Divina se basa en el libre albedrío y en las acciones individuales. No es la opresión colectiva que hará un individuo social, fraterno o moralmente mejor. Es el mérito de cada uno que reflejará en el colectivo.
    No es raro que se haga referencia a la meritocracia espírita, designada por Kardec como aristocracia intelecto-moral, desmerciéndola por analogía a la meritocracia vigente. La meritocracia espírita está fundamentada en las conquistas morales del Espíritu encarnado. Los conceptos del Espiritismo defienden la meritocracia del ideario liberal, la libertad individual y quien batalla por esos valores no debe ser tenido como un antidemocrático.
    El concepto meritorio refleja que el progreso depende directamente del esfuerzo individual que no es "recompensa", sino consecuencia natural, efecto deseado, o sea, sólo prospera quien elige avanzar. Quien así no actúa, padecerá las naturalísimas consecuencias educativas conexas. Sin embargo, desde el punto de vista material, la sociedad se organiza según el propio nivel moral de los seres y, cuanto más evolucionada, más el mérito es reconocido como base de la justicia.

    Referencias bibliográficas:
    [1]                   KARDEC Allan. O Libro dos Espíritus, CUESTIÓN 812,  RJ: Ed. FEB, 2000
    [2]                 DENIS, Leon. Después De la Muerte, capitulo 24, Rio de Janeiro: Ed. FEB, 1998

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