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  • quinta-feira, 1 de novembro de 2018

    Superaciones íntimas por medio del perdón Jorge Hessen

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha


    Con Kardec aprendemos que debemos amar a los criminales [que nos insultar] como criaturas de Dios "a la que se concederá el perdón y la misericordia, si se arrepienten" (1), así como a nosotros, por las faltas que cometemos en contra de su ley. No nos cabe decir de un criminal: es "un miserable; se debe expulsar de la tierra; no es así que nos compete hablar. ¿Qué diría Jesús si estuviera junto a uno de esos desgraciados? Lo lamentaría; lo consideraría un enfermo bien digno de piedad; le extendería la mano. En realidad, no podemos hacer lo mismo, más si al menos podemos orar por él. "(2)

    En lo cotidiano, cuando somos ofendidos por ese o aquel motivo, casi siempre encapsulamos el deseo de revancha y mantenemos el "enlace" mental con las fuerzas poderosas del mal, que sumadas a otras tantas circunstancias potencian las sombras de nuestros desagravios. Naturalmente, el perdón no significa connivencia con el error, porque la actitud de perdonar y disculpar sin límites puede incitar al criminal a la práctica del mismo acto reprochable. Esto no es el perdón, sino la subordinación o la omisión.

    Ahora bien, todos sabemos que perdonar cosas leves contra nosotros mismos es relativamente fácil; sin embargo, cuando se trata de algo más grave como un asesinato, una violación, una infidelidad conyugal, por ejemplo, la dificultad de superación de la pena aumenta considerablemente. Por eso la Doctrina Espírita lleva a reflejar que el perdón será siempre el sentimiento que en las superaciones personales trascienden al propio ser.

    Escuchemos las palabras de Jesús: "Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y odiarás a tu enemigo, pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen y calumnian" (3). Y más: "Si perdonar a los hombres las faltas que cometieron contra vosotros, también vuestro Padre celestial os perdonará los pecados, pero si no perdonáis a los hombres cuando os hayan ofendido, vuestro Padre celestial tampoco os perdonará los pecados". (4)

    No cabe duda de que aprendiendo a perdonar estaremos promoviendo nuestro crecimiento espiritual. Pero no podemos dejarnos empapar de hipocresía hasta el punto de decir que ya conseguimos perdonar a todos los que nos ofenden. Ciertamente los agravios que nos hagan no quedarán exentos de las consecuencias naturales, pero dejemos a cargo del Creador la justa reparación.

    Escuchamos al Maestro: "Aprendes que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente." Yo, sin embargo, os digo que no resistáis al mal que os quiera hacer, que si alguien os golpea en la cara derecha, le presentéis también la otra. ..". (5) Los Benefactores advierten: "En el Cristianismo se encuentran todas las verdades, son de origen humano los errores que en él se arraigaron. Jesús no quiso decir para dejar de reprimir el mal, sino para no pagar el mal con otro mal. Perdón es el pago del mal con el Bien... El perdón nivela a los hombres por lo que en ellos hay de mejor, liberando a quien perdonó de los malos sentimientos que lo esclavizaban a quien lo hirió. "(6)

    El refrenar el deseo de venganza no es posible cuando alguien siente el corazón desbordar de furia. Sin embargo, recordemos que entre el deseo de venganza y la ejecución de la acción vengativa hay suficiente espacio para ejercer el libre albedrío, es decir, la elección entre el bien y el mal. La venganza será siempre una actitud insensata e inútil, porque ningún beneficio traerá a nuestro progreso, y una vez consumada, habrá satisfecho sólo nuestra inconformidad ante los desconocidos motivos de nuestra prueba.



    Referencias bibliográficas:

    [1] KARDEC, Allan. O Evangelio Segundo o Espiritismo. Caridad ara con os criminosos, instruções de Elisabeth de France (Havre, 1862), Rio de Janeiro: Ed FEB, 2000, Cap. 11
    [2] KARDEC, Allan. O Evangelho Segundo o Espiritismo. Caridade ara com os criminosos, instruções de Elisabeth de France (Havre, 1862), Rio de Janeiro: Ed FEB, 2000, Cap. 11
    [3] Mateus, 5: 43 e 44
    [4] MATEUS, cap. VI, vv. 14 e 15.
    [5] Cf. Mateus, cap. V, vv. 38 a 42
    [6] KARDEC Allan. O Evangelho segundo o Espiritismo, RJ: Ed FEB, 2003, cap. VI, item 5, 118







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