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  • terça-feira, 19 de junho de 2018

    Los sufrimientos y las enfermedades son herencias de nosotros mismos Jorge Hessen

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    Los sufrimientos y enfermedades forman parte de las pruebas y de las vicisitudes de la vida terrena y son inherentes a la grosería de la naturaleza material de la Tierra y a la imperfección moral del hombre. En los orbes más avanzados, física o moralmente, el organismo humano, más depurado y menos material, no está sujeto a las mismas enfermedades de la Tierra.

    Desde el punto de vista espírita, consideramos las enfermedades comúnmente como espejos de los disturbios psicosomáticos. Tanto la medicina y la psicología están percibiendo que no existe separación en la interrelación de la mente y del cuerpo que transitan en los múltiples contextos de la vida social, familiar, profesional y personal. Además, hay, sin duda, distintas ocasiones en que las "enfermedades" del cuerpo son convocadas para "curar" las ulceraciones del alma.

    "Mens sana in corpore sano", es decir, "mente sana en un cuerpo sano" es una referencia atribuida al poeta romano Juvenal. La intención del autor fue recordar a aquellos de entre los ciudadanos romanos que hacían oraciones ingenuas que todo lo que se debía pedir en una oración era salud física y espiritual. Podemos decir que la frase de Juvenal es una afirmación de que sólo una mente sana puede producir o sostener un cuerpo sano.

    ¡Es verdad! Las células de nuestro organismo se alimentan del mismo tenor de nuestros pensamientos y deseos. Todo lo que pasa en la mente se pasa en el cuerpo. Las enfermedades nacen no sólo del descuido con el cuerpo, sino principalmente del descuido con nuestra forma de pensar. La invasión microbiana comúnmente está vinculada a causas espirituales que fragilizan la inmunidad biológica, así que las enfermedades nacen de la mente desorganizada. Y entre los causantes de enfermedades están la rabia, la pena, las frustraciones, el rencor, la envidia, el sentimiento de culpa.

    Nuestras imperfecciones morales provocan naturalmente las molestias del cuerpo físico. Las emociones malsanas alcanzan inmediatamente el cuerpo físico, que sirve como un drenaje por donde fluyen esas potencias negativas. Los acúmulos de emociones no fluyen, no fluyen, quedan atrapados en el cuerpo físico y se manifiestan en algún órgano en forma de enfermedad.

    Somos los responsables de nuestros actos que traen consecuencias naturales. Recibimos de la vida lo que a la vida ofrecemos. Recolectamos lo que plantamos, pues nuestros males morales son provocados por nosotros mismos, de ahí compete solamente a nosotros modificarlos, a fin de que la enfermedad no se instale en nuestra vida como prueba compulsiva contra las desviaciones de conducta.

    Y mientras permanezca en la imperfección moral el sufrimiento y las enfermedades serán reflejos naturales de nuestras elecciones invitándonos a las obligaciones de esfuerzos del perfeccionamiento espiritual final de rehacernos con nosotros mismos.

    En resumen, aunque bajo el tacón de las pruebas y expiaciones, somos siempre herederos de nosotros mismos y nos encontramos en proceso de crecimiento interior siempre en la búsqueda de la auto iluminación, que es el destino del cual ninguno de nosotros logra escapar.

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