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  • segunda-feira, 25 de abril de 2016

    LA DESIGUALDAD SOCIAL ES EL MÁS ELEVADO TESTIMONIO DE LA VERACIDAD DE LA REENCARNACIÓN - Jorge Hessen




    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
    Madri/Espanha


    Auroville es una pequeña ciudad localizada en la India. Fue fundada en 1968 por la pareja Sri Aurobindo y Mirra Alfassa, ahí todos los moradores reciben un salario mínimo y pueden trabajar en lo que se adaptaron. Es una urbe que no tiene políticos o clases sociales.  No hay religión oficial y el dinero es de menor importancia. Actualmente, cerca de dos mil personas moran en la ciudad, que tienen una capacidad de acoger hasta 50 mil habitantes. 

    Es autosustentable, tiene campos cultivables, pequeñas fábricas, restaurantes, panaderías, hospitales, escuelas y cinemas, además de un pequeño periódico local, todo alimentado por energía solar.  No existen prefectos, gobernadores o secretarios. Siempre que surge un problema, una asamblea es convocado y los ciudadanos de la comunidad eligen un consejo para solucionar el problema.

    Los habitantes de Auroville son libres para ejercer sus rituales y creer en lo que deseen, desde que no incomoden o intenten predicar sus creencias a los conciudadanos. Para residir en la ciudad, el interesado precisa comprar una casa que cuesta una media de 3 mil dólares. En el primer año que pasa en la ciudad, el novato es observado y avalorado por la comunidad. Después de un año, período que ellos llaman de “prueba”, los ciudadanos de Auroville deciden si la persona puede o no permanecer entre ellos. 

    Observamos ser un lugar apiñado de utopías y talvez no muy encantador, pues con medio siglo de existencia y con capacidad para recibir hasta 50 mil moradores, hoy solo habitan “cerca” de dos mil personas. Como dije, debe ser un lugar poco atractivo, o los ciudadanos de Auroville deben ser intransigentes (poco democráticos, diría!), puede ser que el proceso de selección por la comunidad sobre los que pueden o no  residir en la ciudad (tras un año de “prueba” en la  localidad) es muy rígido o discriminatorio, allí!... 

    Talvez hayan conquistado en Auroville la virtual igualdad delos “bienes”, mas convidamos a los lectores a meditar aquí acerca de la teoría de la desigualdad de las riquezas conforme enseñó Kardec, demostrando que el principio de la pluralidad de las existencias puede ofrecer la real explicación sobre las diferencias de los “bienes” en la Tierra. 

    Sabemos que hay “espíritas progresistas” que señalan a Kardec como un ingenuo por haber explicado sobre la desigualdad de las riquezas explicándola bajo la ley de la reencarnación.  Evocan tales “espíritas progresistas” que el propietario de los medios de producción genera riquezas solo para sí, mientras que a los que trabajan resta el salario, representando apenas una parte de la riqueza generada.  Creen en el  lema “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades", por eso los “espíritas  progresistas” divergen de Kardec, diciendo que el Codificador se equivocó cuando afirmó que es un ponto matemáticamente demostrado que la fortuna, igualmente repartida, daría a cada cual una parte mínima e insuficiente. 

    Kardec aseguró que si hubiese la repartición de los bienes materiales (riqueza), el equilibrio estaría roto en poco tiempo, pela diversidad de los caracteres y aptitudes. Tal verdad espírita es intolerable para los “espíritas progresistas”, pues estos defienden la distribución irrestricta de los bienes producidos por las empresas a fin de que los proletarios puedan vivir en la prerrogativa y violencia ideológica del infausto igualitarismo; los “espíritas progresistas” idealizan una sociedad altruista (a la manera “de ellos”) sin valorizar las legítimas conquistas individuales para el buen rendimiento de las estructuras sociales.

    Cuando Kardec  afirmó que si la  repartición de la riqueza fuese posible y duradera y cada uno tuviese  apenas de lo que vivir seria el aniquilamiento de todos los grandes trabajos que concurren para el progreso y el bienestar de la Humanidad, los “espíritas progresistas” ostentaron   que eso es una blasfemia pues  las tecnologías producidas han atendido fundamentalmente a las necesidades superfluas de la gran masa de consumidores – por tanto, las personas que ya poseen lo necesario  y así pueden utilizar  su riqueza para el consumo de lo superfluo. 

    Gritan furiosamente los tales “espíritas progresistas” alegando - ¿porque suponer que Dios es el agente de la concentración de riquezas? Gritan los “progresistas” que la riqueza se concentra por el simple hecho de que quien ya posee fortuna tiene más oportunidad de vencer en un mercado competitivo y así acumular más riqueza en un movimiento aumento de concentración de capital. Como se observa una inferencia horizontalizada, superficial, mecanicista y nada razonable de los “progresistas” que insisten en decir que esto no significa que debamos “leer la realidad” como un “plan de Dios”. 

    Creen los ”progresistas” que la riqueza puede y debe ser concentrada bajo la propiedad colectiva (sic), visando exclusivamente al beneficio general de la humanidad, no permitiendo la desigualdad de riqueza, pues así toda la sociedad acaba “prisionera” de la decisión del adinerado de bien o mal utilizar la riqueza.  Además de lo que su apropiación queda siendo necesariamente injusta, ya  que los trabajadores que reciben salario como la remuneración la venta de su fuerza de trabajo – no ganan integralmente por toda la riqueza por ellos producida.

    Que piensen y razonen solo un poco tales “progresistas” a fin de entender que “las clases [sociales] existirán y existieron siempre. Lo que, que deben preocupar [los “progresistas y”] sociólogos modernos es establecer la solidaridad entre ellas, la conciliación de sus intereses, la multiplicación urgente delas leyes de asistencia social, únicas balanzas mantenedoras del orden. ‘‘[1]

    Es bien verdad que la desigualdad social o económica es un problema presente en todos los países (ricos o pobres), proveniente dela mala distribución de la renta y, además, por la falta de investimento en la área social. Comprendemos que una repartición más equitativa delos “bienes” es imprescindible. Hay “trescientas” teorías sociológicas, mil sistemas diferentes, tendiendo a reformar la situación de las clases carentes, para asegurar a cada uno, por lo menos, lo estrictamente necesario. ¡Grande!

    Mas, por otro lado, a la inversa de la recíproca tolerancia que debería aproximar a los hombres,  a fin de permitirles estudiar en conjunto y resolver los más graves problemas sociales, ha sido con violencia y actualmente en Brasil con amenaza en la boca (verbal y saliva hostil o “saliva”) que el militante reivindica su lugar en la  ágape social. De la misma forma es una lástima, ver al adinerado aguijoneado en su egoísmo y recusando ofrecer a los hambrientos las menores migajas de su fortuna. De esta forma, un muro tiene separado ambos, y los malentendidos, las salvajerías, las codicias, las animosidades, los irrespetos se acumulan día a día.

    Políticamente sabemos que las leyes elaboradas por los legisladores pueden, de momento, cambiar el exterior social, mas no logran cambiar el corazón humano; de ahí vienen los decretos de duración efímera y casi siempre seguidos de una reacción más depravada. El origen del mal reside en el egoísmo y en el orgullo: los abusos de toda especie cesarán cuando los hombres se regeneren por la ley da caridad.

    Para confirmar las magníficas tesis de Kardec sobre el asunto reflexionemos con Emmanuel: “La desigualdad social es el más elevado testimonio de la verdad de la reencarnación, mediante la cual cada espíritu tiene su posición definida de regeneración y rescate. En ese caso, consideramos que la pobreza, la miseria, la guerra, la ignorancia, como otras calamidades colectivas, son enfermedades del organismo social, debido a la situación de prueba de la casi generalidad de sus miembros. Cesada la causa patogénica con la iluminación espiritual de todos en Jesucristo; la molestia colectiva estará eliminada de los ambientes humanos”.[2]

    Referencias bibliográficas:
    [1]       Xavier Francisco Cândido.  Palabras del infinito, III parte, dictado por el Espíritu Emmanuel, SP: Ed. LAKE, 1936
    [2]       Xavier, Francisco Cândido. El Consolador, pregunta 55, dictado por el Espíritu Emmanuel, RJ: Ed. FEB, 1978

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