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  • terça-feira, 12 de abril de 2016

    EL CRISTIANO NO SE ATEMORIZA ANTE LOS DESAFIOS DE LA VIDA - Jorge Hessen


    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
    Madri/Espanha


    Una situación de crisis económica y agravamiento de la inseguridad, como se da hoy en día, alteran las relaciones sociales, sobretodo en el trabajo. Hay, en esa coyuntura, una relación entre lo social y el trabajo, y el sujeto en la organización será afectado por eso, aumentando su miedo y sufrimiento. El mayor temor de quien tiene un empleo, hoy en día, es perderlo. La dimensión es traumática, sin duda. El modelo de relación de trabajo actual es cruel. El sujeto que, dentro de la organización, asiste a diversas dimensiones, ve varios de sus colegas ser, “despedidos”, y tienen miedo a ser la próxima víctima, sabe que la falta de protección es una de las causas de sus miedos y angustias. 

    Vivimos y continuamos viviendo en una sociedad atemorizada. El miedo es un sentimiento proveniente de la incerteza ante los desafíos de la vida. La sociedad promete demasiadamente al individuo, entretanto no le proporciona seguridad y vende ilusiones disimuladas. La tecnología materialista impele al hombre a desear tener cada vez más, a consumir y adquirir bienes materiales, olvidándose de los verdaderos bienes que son los espirituales (que coincidentemente algunas “religiones” comercializan sin ningún pudor). 

    Urge reaccionar ante esta perspectiva de obtener, de adquirir. Sin embargo, hay los que desean competir y temen fracasar. Varios se dejan abatir ante las extravagancias de comportamiento, de los gastos excesivos y del exhibicionismo, esperando vencer la consternación del miedo. Los desprevenidos cambian para la delincuencia y para la prostitución. Procuran poseer (sin poder) lo que la sociedad ofrece, siendo poseídos por la posesión, generando una ola de violencia urbana y de vicios pervertidos. El exceso en la vida automatizada provocó carencia de solidaridad humana, originando una avalancha de incertezas y desconfianzas.

    El miedo puede ser proveniente del grande choque moral en las profundidades del ser, como intenciones maquiavélicas, infidelidades conyugales, todo eso suscita la contemporánea conciencia de culpa y los enigmas de relacionamiento. El recelo de encarar sus problemas y resolverlos lanza a las personas a conectarse con otras mentes desencarnadas en desaliño que les inspiran y sugieren la fuga a través de las drogas, de la bebida, del cigarro, del apelo erótico exagerado. 

    Irrumpe el temor de no sentirse parte del grupo de los "victoriosos" , conduciendo a los medrosos a llamar la atención para sí, a través del comportamientos excéntricos , el uso excesivos de tatuajes y de trajes llamativos. Y lo patético del síndrome del miedo es cuando alguien no se siente amado y busca desenfrenadamente el amor a cualquier precio, en cualquier lugar. Como no consigue distinguir el legítimo amor, busca el abominable intercambio (troca) de socios en compensación de los deseos, aportando fácilmente en el libertinaje, en la prostitución escamoteada. 

    Confiemos, plenamente, en la Inteligencia Suprema que, providencialmente, administra la vida, sabiendo que El, la Causa primera de todas las cosas, es Soberanamente Bueno e Justo, e que en los estatutos no hay espacios para injusticias. ¡Ciertamente, actuando así, al mirar para tras, tendremos una percepción diferente de los hechos que nos acontecieran y percibiríamos que todas las experiencias, buenas o malas, cooperaran para nuestro bien, mediante las cuales el ser progresa siempre!

    A través del trabajo solidario y fraternal, aprendemos a entender los dolores y angustias de nuestros compañeros, a tener compasión, y finalmente a amar verdaderamente. El triunfo es sobre nosotros mismos, y para conseguirlo es preciso luchar. Por tanto, oremos y pidamos orientación de Jesus; dejemos los recelos y expulsemos el miedo, para que podamos vivir y actuar con dignidad.

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