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  • quarta-feira, 30 de setembro de 2015

    MUCHAS VIDAS Y MUCHOS CONFLICTOS EN LAS AFINIDADES PARENTALES (Jorge Hessen)

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
    Madri/Espanha



    La médica Charlotte Reznick viene causando polémica entre los padres al sugerir que ellos eviten dar “besos” a sus hijos. De acuerdo con ella, esa es una demonstración de afecto "erotizante" y puede confundir a la criatura. Para Charlotte la boca es una zona erógena del cuerpo y, siendo así, las criaturas pueden asociar el beso con actividades románticas y sexuales entre los padres. [1]La opinión de la médica fue criticada y combatida por otros médicos y psicólogos, como Sally-Anne McComarck que afirma ser imposible un “beso” confundir la cabeza de los hijos. Si fuese así, profiere McComarck, el amamantamiento traería más confusión. Además, en el 2013, Mayim Bialik, que interpreta a la científica Amy Farrah Fowler en la serie The Big Bang Theory, fue duramente criticada por una foto en la que aparece amamantando al hijo de tres años en el metro de Nova York. A pesar de afirmar sentir falta de amamantar al hijo, la actriz celebró el momento en que el hijo eligió desmamar.

    Hay diversos debates em torno del infantilismo psicosexual – A pesar de la madre ser el pariente que gratifica principalmente los deseos infantiles, el niño comienza a formar una identidad discreta sexual - "menino", "menina" - que altera la dinámica del relacionamiento entre padres e hijos; los padres se tornan objetos de energía libidinal infantil. En la teoría clásica de la psicoanálisis, el complejo de Edipo ocurre durante el estado fálico del desenvolvimiento psicosexual (la edad de 3 hasta 6 años), cuando ocurre también la formación de la libido y del ego; no en tanto, se puede manifestar en edad más precoz.[2] Las llamadas complicaciones edípica otra cosa no representan sino los lazos obscuros que entretejemos, al embrollar almas queridas en nuestro carro sentimental – lazos esos que pasan a reclamarnos el preciso desfasamiento, para que la mutua liberación nos felicite.

    Emmanuel nos instruye afirmando que el hijo excesivamente vinculado a la madre, en la mayoría de las ocasiones, es aquel mismo compañero que la genitora sometió a la propia senda, en el pasado, al suplicar ahora el apoyo necesario, a fin de exonerarse de las esposas psicológicas que lo prenden a la inseguridad. Y la hija inmensamente ligada al padre, habitualmente es la misma compañera que el encadeno al propio destino en experiencias del pasado, a implorarle hoy el auxilio indispensable, a fin de desembarazarse del egoísmo con que se le adoso a la influencia, en nombre del amor. [3]

    Basándonos en el trabajo biológico de construcción del ser, asentado en milenios numerosos, es indudable que sorprenderemos en la criatura todo el equipamiento de los impulsos sexuales prontos a la manifestación, cuando la pubertad le asegure más amplio control del cuerpo físico. Y, con esos impulsos, es que despuntan del espíritu las inclinaciones para mayor o menor ligación con ese o aquel compañero del núcleo familiar. El juego afectivo, sin embargo, vía de regla se desarrolla más intensivamente entre la criatura y los padres, reconociéndose para luego si los lazos de las existencias pasadas están más fuertemente entretejidos con el genitor o la genitora. [4]

    Debilitándose al impulso sexual casi todos los alicientes de la evolución sobre los cuales se nos levanta la formación de espíritu, es comprensible que el sexo aparezca en los pensamientos de los niños en su desenvolvimiento natural, y, en ese territorio de creaciones de la mente infantil, nos sería fácil definir la dirección de los arrastramientos de la criatura, si para los ascendentes paternos o maternos, por cuanto ahí revelará precisamente las tendencias traídas de otras estancias que el pasado archivó. [5]

    Apreciando eso, recordemos la dificultad de las relaciones poligamias de que somos egresos, en cuanto a los evos transcurridos, y entenderemos con absoluta naturalidad, los complejos de la personalidad infantil. Así sucede, porque heredamos espiritualmente de nosotros mismos, por las raíces del renacimiento físico, reencontrando, matemáticamente, en la posición de hijos e hijas, aquellos mismos compañeros de experiencia sentimental, con los cuales tengamos cuentas por acertar. Atentos a semejante realidad, somos lógicamente impulsados a concluir que los vínculos del niño, de una forma o de otra, en cualquier distrito de progreso y en cualquier clima efectivo, solicitan providencias y previdencias, que sintetizaremos solamente en una palabra única: educación. [6]

    La inquietud de la Dra. Charlotte Reznick sobre los “inocentes selinos” es corroborada por el Mentor de Chico Xavier cuando afianza que en el fondo de la personalidad paterna o de él maternal corazón, descansan los remanecientes de grandes afectos, algunas veces desequilibradas y menos felices, traídos de otras estancias, en los dominios de la reencarnación. La libido o el instinto sexual en la forma de energía psíquica, tendente a la conservación de la vida, permanece, en muchos casos, en la caricia de los padres, vestida en aterciopelado manto de cariño y belleza, más el amor es aun, en el adicto del espíritu, cual fuego de vida que se nutre del propio leño [7]

    Toda criatura consciente trae consigo, debidamente estratificada, la herencia inconmensurable de las experiencias sexuales, vividas en los reinos inferiores de la Naturaleza. De existencia a existencia, de lección en lección y de paso en paso, por siglos a siglos, en la esfera animal, la individualidad, erguida a la razón, sorprende en si misma todo un mundo de impulsos genésicos por educar y ajustar a las leyes superiores que gobiernan la vida. [8]Cada hombre y cada mujer que aún no se angelizó o que no se encuentre en proceso de bloqueo de las posibilidades creativas, en el cuerpo o en el alma, trae, evidentemente, mayor o menor porcentaje de ansias sexuales, a expresarse por sede de apoyo efectivo, y es claramente, en las labras de la experiencia, errando y acertando y tornando a errar para acertar con más seguridad, que cada uno de nosotros - los hijos de Dios en evolución en la Tierra - conseguirá sublimar los sentimientos que nos son propios, de modo a erguirnos en definitivo para la conquista de la felicidad celeste y del Amor Universal.

    Como vemos tenemos que entronizar en la discusión la importancia de la teoría de la reencarnación para una comprensión mejor y más humana de los llamados “complejos parentales”. Las aun raras pesquisas científicas sobre la reencarnación abren nuevas posibilidades de comprensión de los conflictos entre padres e hijos. El Espiritismo, por eso mismo, se torna más apto para ayudar a la psicología profunda en el descubrimiento de las verdaderas raíces de las situaciones parentales conflictivas.


    Nota y referencias bibliográficas:

    [1] Disponível em http://mulher.terra.com.br/vida-de-mae/selinho-nos-filhos-confunde-e-deve-ser-evitado-diz-medica,6e8b07999ea47234d0b590037d0cbadb74rcRCRD.html acesso 21/09/2015
    [2] Joseph Childers, Gary Hentzi eds. Columbia Dictionary of Modern Literary and Cultural Criticism (New York: Columbia University Press, 1995)
    [3] Artigo publicado na coluna dominical "Chico Xavier pede licença" do jornal Diário de S. Paulo, na década de 1970.
    [4] Xavier, Francisco Cândido. Vida e Sexo, ditado pelo espirito Emmanuel , RJ: Ed. FEB 1970, cap. 14
    [5] Idem
    [6] Idem
    [7] Idem
    [8] Xavier, Francisco Cândido. Vida e Sexo, ditado pelo espirito Emmanuel , RJ: Ed. FEB 1970, cap. 24

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