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  • sexta-feira, 6 de fevereiro de 2015

    ¿ES EL CARNAVAL UNA FIESTA DE ALEGRÍA, DE PAZ Y ALABANZA? (Jorge Hessen)


    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
    Madri/Espanha


    Con el riesgo de ser tratados de moralistas, en un tiempo en el que se pierden las nociones de la moralidad, no podemos dejar de analizar críticamente algunos absurdos del mundo de Momo. Sin determinar reglas de falsa santidad y arduos sermones impulsados por cantinelas mórales, no dejaremos de comentar sobre los prejuicios espirituales provenientes de las conmemoraciones del Carnaval.

    Hace muchos siglos el Carnaval era marcado por grandes fiestas, en lasque se comía, bebía y participaba de frenéticas celebraciones y búsqueda incesante de los placeres. [2] Se prolongaba por siete días (en el mes de diciembre) en las cayes, plazas y casas de la antigua Roma. Todas las actividades y negocios eran suspendidas en ese periodo; los esclavos ganaban libertad temporal para hacer lo que quisiesen y las restricciones morales eran relajadas. Un rey ((saturnalicius princeps) era elegido como diversión y comandaba el cortejo por las calles.

    Si no fuera por el bombo, el carnaval, como fiesta de relación socio cultural, podría tornarse un evento comprensible, hasta porque no aceptar eso sería incurrir en una postura de intolerancia. Hay personas que buscan hacer del carnaval un momento de esperanza, oportunidad de empleo, abrigando con ello a menores, y eso tiene su valor social. Entretanto, bien es verdad, el gran saldo de homenaje a Momo se resume en tres palabras: violencia, ilusión y sensualidad.

    Reza la tradición de que la alegría de Momo surgió impregnando el mundo “sagrado” y el orbe profano. ¡Sinceramente! No conseguimos comprender algo de “bendecido” en las locuras momescas. Entretanto, en San Paulo hay escuela de samba Don Bosco, en Itaquera, zona este de la ciudad, cuyo presidente es un padre salesiano de 73 años que toca inclusive repique (tambor con palillos) en batería.

    Más allá de celebrar misas, casamientos y coordinar proyectos sociales, el par de sacerdotes, obviamente, parte de las pruebas de "Don Bosco". Ambos desean arrastrar ¡200 componentes a Sambódromo do Anhembi, y entre los sambistas constan bahianas, pasistas (semidesnudas, por tanto, nada beatas), vieja-guarda y destaques. El enredo homenajea al fundador de la congregación salesiana. “Don Bosco: 200 Años de Amor al Prójimo… Un Presente para el Mundo”.

    Para los clérigos, idealizadores de la escuela de samba, la concepción de la agremiación fue la salida encontrada para unir un grupo de jóvenes más desreglado, que no estudiaba y era bastante desinteresado en las actividades educativas ofrecidas por la obra social de la iglesia. Entretanto, tal artificio para atraer a la juventud no ha sido apreciado por algunos fieles y superiores de la Iglesia romana.

    Eso nos remite a recordar a la escuela de samba Unidos del Viradouro que en 2011 llevo para la Sapucaí un carro alegórico cargando una imagen de Chico Xavier. El médium de Uberaba fue representado por una escultura (psicografiando) cercada por 60 componentes, algunos de ellos “espíritas” (!?), que hicieron una presentación de "trabajo psíquico" (!?). ¡Dios Santo! Interpretación de "trabajo psíquico" (!?). Dios Santo! Nada más burlesco.

    ¿Será que el Carnaval es apenas un festival de alegría, de paz y alabanza? En principio, el Espiritismo no estimula ni recrimina el Carnaval y respeta todos los sentimientos humanos. ¿Sin embargo, será que la juera carnavalesca, vista como una manifestación popular, consigue satisfacer los caprichos de la carne sin deteriorar el espíritu? ¿Será lícito confundir “diversión” pasajera con alegría legítima? El carnaval es uno de esos delirios colectivos, cuya reverencia a Momo representa la ocasión en que las personas proyectan lo que hay de más irracional y de más incivilizado en sí mismas.

    ¡Es verdad! El Espiritismo nada prohíbe, nada obliga, ni censura el carnaval; sin embargo, igualmente, no defiende su realización. Se sabe que durante la juerga de Momo son perpetrados abusos de todos los tipos y, especialmente, excesos de carga erótica de adolescentes, jóvenes, adultos y hasta ancianos (mal resueltos); hay consumo exagerado de alcohol y otras drogas, instalación de la violencia generalizada, excesos esos que atraen espíritus vinculados al deletéreo parasitismo magnético, semejantes a los buitres ante de cadáveres deteriorados (carroñas).

    Los juerguistas reafirman el dicho de que el carnaval es un extravasador de energías reprimidas. Entretanto, en los tres días no son atenuadas las tasas de agresividad y ni de las neurosis. Lo que se observa es un sumatorio de la salvajería urbana y de la desgracia doméstica. Después de los festivales de erotismos surgen los embarazos desatinadas y la consecuente propagación de criminales abortos, acontecen graves accidentes de tránsito, aumento de la criminalidad, estupros, suicidios, aumento del consumo de varias substancias estupefacientes, alcohólicos, así como el surgimiento de nuevos drogados, diseminación de las enfermedades sexualmente transmisibles (inclusive a AIDS).

    En síntesis, si el Carnaval es una amenaza concreta para el bienestar social, nosotros espíritas tenemos mucho que ver con el, porque una de las tareas primordiales de cada espírita es la de luchar por dispositivos de preservación de los valores más dignos de la Sociedad, sin que se violente, obviamente, el derecho relativo del libre-albedrio colectivo e individual, jamás olvidándonos de que en el carnaval ocurre la obsesión en sus variados matices como consecuencia de la invigilância y de los desvíos morales. Solamente podremos garantizar la victoria del Espíritu sobre la materia, si fortalecemos nuestra fe, renovándonos mentalmente, practicando el bien en los moldes de los códigos propuestos por Jesucristo, y no olvidando los divinos consejos del Maestro: "Vigilad y orad, para que no entréis en tentación''. [1]

    En suma, creemos que no existe otro camino que no sea el de la abstinencia sincera de las juergas de Momo. El buen sentido nos invita a aprovechar el feriado para un acercamiento con los familiares, lectura de libros instructivos, frecuencia a reuniones espíritas. ¿Además, será coherente cerrar las puertas de los centros espíritas en los días de Carnaval, o cambiar el procedimiento de las reuniones? Existen algunos centros que cierran sus puertas en los feriados del carnaval sin motivos racionales. En verdad, el espírita puede participar de eventos educacionales, culturales o mismo descansar en casa, ya que el ritmo frenético del día a día exige, cada vez más, preparación y estructura físico-psicológico para los embates por la obtención del pan. .

    Cara al determinismo de la Ley de Evolución, un día todo eso pasa, todas las manifestaciones ruidosas que marcan nuestro estado de inferioridad desaparecerán de la Tierra. En su lugar, entonces, predominaran la alegría pura, la jovialidad, para satisfacción y el júbilo real, con el hombre despertando para la belleza y el arte, sin violencia, ni degeneración moral.



    Referências:




    [1] A Festa do deus Líber em Roma; a Festa dos Asnos que acontecia na igreja de Ruan no dia de Natal e na cidade de Beauvais no dia 14 de janeiro, entre outras inúmeras festas populares em todo o mundo e em todos tempos, têm esta mesma função.




    [2] Mt 26:41

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