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  • sexta-feira, 18 de agosto de 2017

    Las bebidas alcohólicas son tóxicos fatales Jorge Hessen



    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha
    En Brasil, la Ley Federal 9.294, de 1996, establece "restricciones” la propaganda de alcohol, sin embargo, el párrafo único de la ley es obscena, veamos: "Se consideran bebidas alcohólicas, para efectos de esta Ley, las bebidas potables con grado alcohólico Superior a trece grados Gay Lussac ". Lógicamente, quedan excluidas de las "prohibiciones" las cervezas televisivas. Es ahí la victoria de la industria etílica con derecho a la "palma de oro".

    En verdad, más de la mitad de los brasileños se hunde moralmente en la huelga de los metafóricos "trece grados Gay Lussac" de grado alcohólico. Por lo tanto, como obra maestra de las "tinieblas", la cerveza, que en tesis posee un grado alcohólico hasta el límite de trece grados Gay Lussac, por no sufrir restricciones publicitarias en Brasil, es liberada para todos, transitando, de tal modo, en altísima Velocidad en contra de la legislación de tránsito que establece una tolerancia bajísima con el alcohol. En esa jerigonza van los adolescentes exponiéndose hoy mucho más al alcohol. Se está formando una generación de dependencia de alcohol. Además de los riesgos para la salud, hay los peligros de conducir embriagado, de la violencia y de traumatismos derivados del abuso de alcohol.

    A través de las propagandas apelativas, hipnotizadoras, que cuestan miles de millones de dólares, se intoxica la estructura mental de los adolescentes más tontos. De esta forma, los jóvenes actúan sin patrones definidos de comportamiento racional, se proyectan en una perspectiva cada vez más cercana al derrocamiento en busca del entumecimiento de la conciencia y de la razón, justificado por el placer alucinado en el mundo de las bebidas, situación, esa, que promueve el sumergirse en la "nada" para las fugas espectaculares de la realidad.

    A la manera de un incendio, que comienza de una chispa y causa gran destrucción, muchos adolescentes, a partir de un simple trago "inofensivo", se precipitan en los escombros de la miseria moral, transformándose en una persona vacía de ideales.

    Es asombrosa el lavado de cerebro a través de los medios de comunicación repetidamente la invitación al consumo de cervezas, en razón de eso, el volumen consumido en Brasil está por encima del promedio mundial. Por la televisión "el genio de las tinieblas" aconseja, después de treinta segundos de propaganda, en tan sólo un milésimo de segundos, el famoso "beba con moderación".

    Ahora bien, no se puede aceptar pasivamente una situación en la que las autoridades sanitarias pasan un mensaje de legalidad y posible "moderación" al mismo tiempo que la industria agita con una publicidad maldita y cara cuyo contenido instiga y alienta el consumo de la cerveza de un modo avasallador.

    Para el espírita, el vicio de beber tiene implicaciones muy graves, especialmente ante las repetidas advertencias de los Benefactores Espirituales, aclarando sobre los daños que causan a la mediumnidad, por ejemplo. El médium, contaminado por los alcohólicos se convierte en una mira de obsesión de los indigentes alcohólicos del más allá. La obsesión, a través de la inofensiva cervecera, es más generalizada de lo que parece.

    En un contexto social permisivo, el vicio de la ingestión de alcohólicos se convierte en expresión de "status", atestiguando la decadencia de un período histórico que pasa lento y loco. La Doctrina Espírita advierte sobre esa influencia espiritual, oculta, o sea, el medio espiritual que respiramos puede contribuir al surgimiento de un determinado vicio. No nos engañamos, el adicto al alcohol casi siempre tiene a su lado obsesores extra físicos que lo inducen a la bebida, ejerciendo gran dominio y disfrutando de las mismas sensaciones etílicas.

    Los padres espíritas y, absolutamente, conscientes de la responsabilidad que asumieron ante la familia, no deben ofrecer bebidas alcohólicas a sus hijos bajo ningún pretexto. Al contrario, deben hacer todos los esfuerzos para apartarlos de las fiestas regadas por el alcohol; Esa, sí, es una actitud sensata. Creo que hay suficiente razón para no almacenar, en casa, las espléndidas y suntuosas botellas de bebidas alcohólicas, normalmente, conservadas en un "atractivo" bar, pues, en ellas, está acondicionado el tóxico fatal.

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