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  • quinta-feira, 15 de setembro de 2016

    "VENCER EN LA VIDA" Y EN LAS FASCINACIONES UTOPISTAS” Jorge Hessen

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha


    En la sociedad el “vencer en la vida” es relativo; todos podrían “vencer”, si se entendiesen convenientemente, porque el verdadero “vencer en la vida” consiste en cada uno emplear su tiempo como le apetezca, y no en la ejecución de trabajos por los cuales no sientan ningún gusto. “Como cada uno tiene aptitudes diferentes, ningún trabajo útil quedaría por hacer. En todo existe el equilibrio; el hombre es quien lo perturba.” [1]
    Es evidente que no es natural la “desigualdad extrema” en la sociedad. Es obra de algunos hombres y no de Dios. Mas esa “desigualdad extrema” desaparecerá cuando el egoísmo y el orgullo dejen de predominar. Permanecerá sin embargo la desigualdad del merecimiento, pues a cada uno según sus méritos, como profirió Jesús.” [2]
    Sobre eso, lei con atención el testimonio de Fernanda Orsomarzo, una juez de derecho del Tribunal de Justicia del Paraná, afirmando que “trabajo duro” para ser Juez de Derecho. Llegó a estudiar 12 horas por día, abdicó de fiestas, paso las fiestas frente a los libros. Si, mucho esfuerzo personal.[3]  Seria hipocresía afirmar que se tornó jueza por méritos personales. Justifica que todo le fue favorable, pues nació “blanca”, era de la clase media, estudio en escuela particular, frecuento cursos de inglés e informática, tuvo acceso a filmes y libros. Contó con padres presentes y preocupados con su formación. Jamás falto a su café de la mañana, almuerzo y cena. Nunca se preocupó con la merienda o material escolar.
    No obstante su esfuerzo individual, no en tanto, afianza que nada conquistaría sin las innumerables oportunidades proporcionadas por el hecho de haber nacido “blanca” y en el seno de una familia de clase media bien estructurada. Justifica no tener mérito porque en la competición en busca de “vencer en la vida”, tuvo todas las ventajas desde que nació. Por eso, según afirma, no es justo ser exigido que alguien que ni siquiera tener profesores pagados por el Estado entre en esa competición (“vencer en la vida”) en iguales condiciones.
    Alega que el discurso basado en la meritocracia no responsabiliza al Estado y juega en los hombros del individuo todo el peso de su omisión y de la falta de políticas públicas. Según Orsomarzo, la meritocracia naturaliza la pobreza, encara con normalidad la desigualdad social.
    En que pese a Fernanda tener un discurso encantador, talvez resbale para una ideología capciosa. Bajo el punto de vista espírita no concordamos con su arenga. Observemos el siguiente escenario: se abre vacante para el médico, a través de un concurso público (confiable). Podrán inscribirse los que satisfacen las exigencias legales. Se presentan dos candidatos. El primero es hijo de un profesor, estudio en una facultad “de punta”, tuvo en el hogar todos los estímulos para estudiar todos los libros necesarios y nunca precisó trabajar. El segundo candidato es huérfano de padre desde niño. Su madre es una diarista, crio cinco hijos con enormes dificultades. Ese candidato no tuvo mucho tiempo para estudiar; sin libros, teniendo que trabajar desde muy temprano, estudiando por la noche en una facultad “fulera”, poca alimentación etc.
    Se pregunta: ¿cuál de ellos dos, considerándose que poseen la misma inteligencia y se prepararon para el concurso, está, teóricamente, en mejores condiciones de vencer la disputa? Obviamente, el primer candidato.
    Para los espíritas la meritocracia tiene sentido a partir de un abordaje reencarnacionista, y torna justa la ley de Dios. Nuestras encarnaciones son construidas según dos variantes: la necesidad evolutiva y los resultados de nuestras acciones de vidas anteriores.
    El primer candidato (hijo del profesor) pudo haber sido un hijo de una lavandera en una reencarnación anterior, y que, superando todos los obstáculos, hizo lo mejor que pudo, adquiriendo merecimientos, que le son considerados en la existencia actual. El segundo candidato (hijo de la lavandera) talvez había sido un hijo de un profesor en el pasado, que habiendo recibido todas las facilidades en existencia hipotética, las desconsideró, llevando una vida de ocio o libertinaje. Retorna, por la reencarnación, al escenario de la Tierra, con dificultades redentoras para, a través de la vida costosa, reeducarse ante si mismo. Y así la justicia se hace y el principio del mérito se torna aplicable a las diferentes situaciones de la vida.
    Meritocracia (del latín meritum, "mérito", y del sufijo cracia, "poder") indica posiciones o colocaciones conseguidas por mérito personal. Es común hacer referencia a la meritocracia espírita, designada por Kardec como aristocracia intelecto-moral, desmereciéndola por analogía a la meritocracia vigente. La meritocracia espírita es fundamentada en las conquistas morales del Espíritu encarnado. Los conceptos del Espiritismo defienden la meritocracia del ideal liberal, la libertad individual y quien pugna por esos valores no debe ser como un reaccionario.
    El principio de la improfícuas ideología igualitaria siempre fascino la mente revoltosa, porque parece ser más “justa”, y atender mejor a la parte más “desprotegida” de la sociedad. ¡Irrisión! Esa ideología carga consigo una mancha execrable. No es capaz de respetar lo que es inherente al ser humano, que es el libre arbitrio individual. Como no conseguirá jamás establecerse con la concordancia de los ciudadanos, precisa imponerse a la fuerza para que los “más iguales” (grupejos autoritarios y minoritarios) lideren y dirijan la “libertad” del resto de la masa narcotizada y reprimida.
    ¿Sería hoy posible la “igualdad absoluta” de las riquezas, por ejemplo o de las oportunidades? Es obvio que no es posible. “A eso se opone a la diversidad de las facultades y de los caracteres. ”[4] Hay, teóricos que juzgan ser el “igualitarismo” el remedio a los males de la sociedad. Casi siempre tales partidarios son ateos, materialistas y cultores de sistemas [coercitivos] o egoístas obstruidos por la codicia. “No comprenden que la “igualdad” con la que sueñan seria a corto plazo deshecha por la fuerza de las circunstancias.
    Si es importante combatir el egoísmo, que es la llaga social, mas no correr tras de quimeras utópicas.”[5]

    Referências bibliográficas:
    [1]           Kardec Allan. O Livro dos Espíritos , questão 812,  RJ: Ed. FEB, 2000
    [2]           Idem, questão 806
    [3]           Disponível em http://www.em.com.br/app/ noticia/politica/2016/09/06/ interna_politica,801438/juiza- diz-que-meritocracia- naturaliza-pobreza-e-post- viraliza.shtml ,  acesso  07/08/2016
    [4]           Kardec Allan. O Livro dos Espíritos , questão 811, RJ: Ed. FEB, 2000
    [5]           Idem  inciso “a”

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