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  • terça-feira, 9 de fevereiro de 2010

    EL TRANSPLANTE DE ORGANOS ES VALIOSA OPORTUNIDAD PARA EL EJERCICIO DEL AMOR




    Traducido por: Merchita
    E-mail: merchitacruz@gmail.com

    ¿Cuándo se puede precisar que una persona está, realmente, muerta? Para la Sociedad Americana de Neurorradiología, es a través de la muerte cerebral, esto es, “cuando constatado el estado irreversible de cese de todas las funciones del cerebro y los nervios (como resultado de edema y la destrucción masiva de tejido cerebral) a pesar de la actividad cardiopulmonar pueda ser mantenida a través de avanzados sistemas de soporte vital y mecanismo de ventilación”. (1) La muerte cerebral significa la des vitalidad del cerebro, incluyendo tronco encefálico que desempeña funciones cruciales como el control de la respiración. Cuando eso ocurre, la parada cardiaca es inevitable. Aunque, todavía, haya ritmo cardiaco, la persona con muerte cerebral no puede respirar sin los aparatos y el corazón no latirá por más de algunas horas. Por eso, la muerte encefálica ya caracteriza la muerte del individuo. La medicina, en el mundo entero, tiene como cierto que la muerte encefálica, incluida la muerte del tronco cerebral, solo tendrá constatación a través de dos exámenes neurológicos, con intervalo de seis horas, y un complemento. Así, cuando fuera constatada la cesación irreversible de la función neural, ese paciente estará muerto, para la unanimidad de la literatura médico. (2)
    Recientemente, un hombre, cuyo corazón estaba parado hacia más de una hora y cuyos órganos los médicos estaban preparándose para recoger, a fin de utilizar en trasplantes, despertó en la mesa de cirugía, o sea, había en el “señales de vida”, a rigor, un enunciado, equivalente para determinar la ausencia de señales clínicas de muerte. “Los participantes del equipo de cirujanos presentes enfatizaron que, si las recomendaciones oficiales que están en vigor en el momento se había seguido a la carta, el paciente probablemente habría sido considerado como muerto. "(3)
    Los Espíritus afirmaron a Kardec que el desligamiento del cuerpo físico es un proceso altamente especializado y que pude demorar minutos, horas, días, meses. (4) El hecho, obviamente, demuestra que la frontera entre la vida y la muerte suscita una rigurosa reflexión de los profesionales de la medicina (especialmente, entre especialistas en reanimación y de las autoridades que rigen la bioética), y los obliga, algunas veces, a preguntar sobre cuales criterios objetivos permiten definir el momento exacto en el que un paciente, que fue sometido a los intentos de reanimación, pueden empezar a ser considerado como un potencial donante de órganos. La situación representa una ilustración pujante de cuestiones que persisten, sin resolver, al menos en el ámbito de la medicina de reanimación, las modalidades de intervención y los criterios que permitan determinar el fracaso de un esfuerzo de reanimación.
    A pesar de la controversia sobre la muerte cerebral, en la vigencia de la cual los órganos o partes del cuerpo humano son removidos para la utilización inmediata en enfermos de ellos necesitados (trasplantes), es menester considerar que estar en estar en la muerte cerebral es permanecer en una condición de parada definitiva e irreversible del encéfalo, incompatible con la vida y de la cual nadie, se recupera nunca. Habiendo muerte cerebral, verificada por exámenes convencionales y, también, apoyada en recursos de moderna tecnología sólo los dispositivos pueden mantener una vida vegetativa, a veces indefinidamente. “Es en ese estado en el que se verifica la posibilidad del donador de órganos, “morir” a través de la ortotanasia y, solo entonces, sus órganos ser aprovechados – ya que los órganos sin irrigación sanguínea no sirven para trasplantes.
    ¿La eutanasia? evidentemente que caracterizar el hecho como tal carece de argumentación científica (…) para condenar el trasplante de órganos. La eutanasia de ninguna forma se encajaría en esos casos de muerte encefálica comprobada.” (5) La donación de órganos es un procedimiento médicos moderno que no es, específicamente, mencionado en los textos evangélicos. Algunas personas se oponen a ese avance de la medicina, simplemente, porque es “nuevo” y “diferente” más ese argumento no sirve de base correcta para juzgar la cuestión. El Creador dio, al hombre, la capacidad de pensar y la habilidad de inventar y nunca condenó el progreso tecnológico en si. Imaginemos lo siguiente: ¿Si la donación de propio brazo derecho o del riñón derecho salvara la vida del propio hijo, qué padre amoroso rehusaría donarlo? Por tanto, la donación es un acto de bondad y amor que beneficia, también, un receptor desconocido. El órgano que ya no sirve más para la persona muerta puede permitir a una joven madre cuidar de sus propios hijos, o a una criatura llegar a la edad adulta. “Si la misericordia divina nos confiere una organización física sana, es justo y valido, después de nosotros habernos servido de ese patrimonio, ofrecerlo gracias a las conquistas valiosas de la ciencia y de la tecnología, a los que sufren carencia a fin de poder continuar la jornada.” (6
    La temática “donación de órganos y trasplantes” es bastante coetánea en el escenario terrenal. Sobre el asunto, tal vez, porque las informaciones instructivas de los Benefactores Espirituales no son abundantes, existe el recelo a lo desconocido que paira en la imaginación de muchos hombres. Es el motivo por el cual algunos espiritas se reúsan a autorizar, en vida, la donación de sus propios órganos cuando desencarne.
    Sin embargo, es interesante introducirnos el siguiente pensamiento: si hoy somos donantes, mañana, podremos ser ( o nuestros familiares y amigos) receptores de los órganos. “Para la mayoría de las personas, la cuestión de la donación es tan remota y distante como la muerte. ¡Más, para quien está esperando un órgano para trasplante, ella significa la única posibilidad de vida! Juana de Angelis, sabiendo de esa importancia, resalta “(…) Verdadera bendición, el trasplante de órganos que concede oportunidad de proseguimiento de la existencia física, en la condición de moratoria, a través de la cual el Espíritu continua el periplo orgánico. Al final, la vida en el cuerpo es el medio para la plenitud – que es la vida en si misma, actuante y real”(7)
    En una entrevista, a la TV Tupi, en agosto de 1964, publicada en la Revista Espirita Allan Kardec, en el año X, Nº 38, en la cual Francisco Cándido Xavier comenta que el “trasplante de órganos , en la opinión de los Espíritus sabios, es un problema de la ciencia muy legitimo, muy natural y debe ser llevado adelante.” Los Espíritus, según el, “no acreditan que el trasplante de órganos sea contrario a las leyes naturales. Pues es muy natural que, al despojarnos del cuerpo físico, vengamos a donar los órganos prestados a compañeros necesitados de ellos, para que puedan utilizarlos con provecho”. (8)
    No se puede perder de vista la cuestión del merito individual. ¿“Estaría el destino de los Espíritus desencarnados a merced de la decisión de los hombres en eliminar sus órganos para trasplantes, o hackear a las vísceras en la autopsia?! El buen sentido y la razón señalan que eso no es posible. Porque seria admitir la justicia del acaso y el acaso no existe. “ (9) es más, en síntesis, la donación de órganos para trasplantes no afectará al espíritu donador, excepto si creemos ser injusta la Ley de Dios y estuviéramos en el Planeta a la deriva de Su Voluntad. Recordemos que en los Estatutos del Creador no hay espacio para la injusticia y el trasplante de órganos (conquista de la ciencia humana) es valiosa oportunidad, de entre tantas otras, colocada a nuestra disposición para el ejercicio del amor.


    Jorge Hessen
    E-Mail: jorgehessen@gmail.com
    Site: http://jorgehessen.net
    Blog: http://jorgehessenestudandoespiritismo.blogspot.com

    FONTES:
    (1) Xavier, Francisco Cândido. Vinha de Luz, ditado pelo Espírito Emmanuel, Rio de Janeiro: Ed. FEB, 1999, cap. 59
    (2) VIEIRA, Valdo. Conduta Espírita, Ditado pelo Espírito André Luiz, Rio de janeiro: FEB, 2001, Cap. 10
    (3) Xavier, Francisco Cândido. Vinha de Luz, ditado pelo Espírito Emmanuel, Rio de Janeiro: Ed. FEB, 1999, cap. 60
    (4) Xavier, Francisco Cândido. O Consolador, ditado pelo Espírito Emmanuel, Rio de Janeiro: Ed. FEB, 1984, pergunta 60

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