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  • quinta-feira, 1 de outubro de 2009

    ALGUNAS PROPOSICIONES ESPIRITAS PARA NEUTRALIZAR LA VIOLENCIA URBANA (17.06.08)


    Traducido por: Merchita

    El tráfico de drogas es un crimen globalizado y desencadena muchos otros crímenes, tales como hurtos y robos, cuyos índices demuestran que crecen más cada día, principalmente entre sus usuarios. Las estadísticas muestran, igualmente, que la violencia crece a la medida que aumenta la distribución de drogas en determinadas regiones. Los gobiernos deberían tener un importante papel en esa cuestión de las drogas. O sea, saber aliar medidas de represión a otras alternativas para los jóvenes, y promover el desenvolvimiento social en esas áreas. Es preciso reprimir a los criminales, obviamente. Sin embargo, junto a eso, urge el envolvimiento, también, de la sociedad en todo ese contexto, en las áreas donde ellos actúan. Hasta porque, gran parte de las dificultades para controlar la criminalidad, se debe a la falta de investimiento en programas culturales, en actividades deportivas y en áreas de ocio para esos jóvenes, y, fundamentalmente, la falta de infraestructura por parte del estado.

    De ese modo, la ausencia del Estado forja a los líderes del crimen que "gobiernan" las comunidades con sus propias "leyes". Es importante que todo gobernante acometa en proyectos de asfaltamiento de calles, ampliación de la iluminación pública, recuperación de las plazas, construcción de escuelas y centros de salud, control de los horarios de los establecimientos que venden bebidas alcohólicas en los locales más afectados por la criminalidad. Son medidas eficaces para reducir la barbaridad de la violencia urbana.

    Infelizmente, la violencia se fijo en carácter permanente en varios puntos del planeta. Cara a eso, presenciamos los estertores urbanos de las batallas bélicas que tienen aniquiladas las bases de la racionalidad humana.

    Según noticiarios más recientes, Rió de Janeiro vive una situación muy semejante a la ciudad de Medellín, en Colombia de los años 90. Los narcotraficantes controlan los territorios de las chavolas y el grupo policial del Estado tiene extrema dificultad en combatirlos, sea por la falta de coordinación entre los gobiernos, en sus diversas esferas, sea entre la policía civil, militar, federal y los guardias municipales, o, aun, por la corrupción de la propia policía, etc.

    Recordemos que, en los años 90, Bogotá, en Colombia, era considerada una de las ciudades más violentas del mundo, y consiguió reducirse en el 70% su índice de violencia urbana, cara a las medidas socio educativas allí emprendidas.

    El problema de las drogas se tornó una calamidad pública, desbastando a millares de vidas y movilizando, interna y exteriormente, un dinero incalculable. Sin embargo, por más que el gobierno y la policía combatan a los traficantes, nada será eficaz para luchar contra las drogas, sino la practica del Evangelio dentro del principio del amor a Dios y al semejante.

    En nuestro País, las penitenciarias, de hoy, recuerdan bastante las mazmorras medievales, las cárceles, actualmente, no sirven para educar, por el contrario, neutralizan la formación y el desenvolvimiento de valores intrínsecos, estigmatizando al ser humano. Las penitenciarias vienen funcionando como maquinas de reproducción de la criminalidad. Todo agravado por el pésimo ambiente de la prisión, por la ausencia de actividades productivas y por la superpoblación carcelaria. Hechos esos que nos llevan a testimoniar, por la prensa, las más crueles escenas de combate entre criminales y policías, sobretodo en Río de Janeiro y en San Paulo.

    Es evidente que las prisiones son necesarias para la detención del infractor violento y peligroso, que se constituye en una amenaza concreta para la sociedad, sin embargo, al infractor de menor potencial ofensivo, sin características de violencia, deben ser aplicadas las "penas alternativas", lamentablemente, aun, muy poco aplicadas en el País. En verdad, la violencia de todos los matices desacredita las conquistas sociológicas de este siglo. La brutalidad humana ha desvanecido el camino para Dios. Hasta mismo a muchos de nosotros, espiritas, condenados a la violencia ajena, en nuestro día a día, a la inversa de actuar de forma pacifica y fraterna. Somos como marionetas, actuando siempre de acuerdo con el que motivó nuestra indignación.

    Analizando este cuadro, queda explicitó la condición de nuestro mundo de expiaciones y pruebas, que se caracteriza por el "dominio del mal". Es necesario que identifiquemos, con más profundidad, a los agentes determinantes de ese proceso, para que podamos intervenir con racionalidad en nuestra esfera de acción.

    Quien estudia el Espiritismo, y se esfuerza por practicar sus preceptos, se ve mejor instrumentalizado para la vida en sociedad en los tiempos atribulados en que vivimos, encontrando conceptos lógicos y racionales para el entendimiento de la vida con una visión evangélica consciente. Los postulados Espíritas son antídotos para violencia, puesto que quien lo conoce, sabe que no se podría eximir de sus responsabilidades sociales, y que su futuro será proveniente del presente. En ese contexto, debemos considerar que el espirita cristiano debe armarse de sabiduría y de amor, para atender a la lucha que vienen siendo desencadenada en los escenarios de la sociedad, concitando a la concordia y al perdón, en cualquier conjetura anárquica y perturbadora de la vida moderna.

    Se torna imprescindible practicar el Evangelio en los variados sectores de la sociedad, contribuyendo con la parcela de mansedumbre para pacificarla. El hombre moderno aun no percibió que solamente la experiencia del Evangelio puede establecer las bases de la concordia, de la fraternidad y constituir los antídotos eficaces para minimizar la violencia que aun avasalla la Tierra.

    Las Casas Espiritas, como Prontos Socorros espirituales, pueden contribuir mucho en el trabajo de prevención y auxilio a las victimas de las drogas, en las dos dimensiones de la vida a través de medidas que los incentiven al estudio de las Leyes de Dios. El Centro Espirita, además de estimular a las familias a la practica del Evangelio en el Hogar, ofrece recursos socorristas de tratamiento espiritual: pase, desobsesión, agua fluidificada, atendimiento fraterno (trabajo asistencial que ocasiona el dialogo, la orientación, el acompañamiento y esclarecimiento, con fundamentación doctrinaria a todos, indistintamente).

    Mientras tanto, intensifiquemos y mejoremos cada vez más las acciones de orden preventivo y terapéutico, ya en curso en nuestras Casas Espiritas, que en casos de mayor gravedad de nuestros asistidos, encaminamos a las instituciones espiritas de socorro especifico, clínicas, sanatorios, hospitales, etc.

    Que nuestras Casas Espiritas estén siempre en sintonía con las enseñanzas de las Obras Básicas y su propósito de contribuir bien para la ascensión espiritual de la criatura humana a las fajas superiores de la vida.

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