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  • segunda-feira, 28 de setembro de 2009

    LAS PROPUESTAS ESPIRITISTAS DE CARA A LA VIOLENCIA SOCIAL (25.12.05)


    La violencia de todos los matices deslustra las conquistas sociológicas de este siglo. Se irrumpe y en todos los niveles de la sociedad, manifestándose en múltiples intensidades. La brutalidad humana ha desvaído el camino hacia Dios.

    Leemos un periódico, una revista; vemos la televisión y la violencia es insistentemente transmitida, sea por los telediarios, por los documentales, sea por las películas, por los programas de auditorio cada vez más obscuros de valores éticos. Asimilamos subliminalmente las informaciones y durante el cotidiano reaccionamos violentamente, muchas veces, ante los reveses de la vida o ante las contrariedades. Condenamos la violencia ajena, en nuestro día a día, en vez de actuar de forma pacífica y fraterna, somos como androides, reaccionando siempre de acuerdo con lo que motivó nuestra reacción. Somos autómatas sin darnos cuenta.

    Desde hace dos mil años que Jesús de Nazaret trajo a la humanidad un código de conducta que traería al hombre la felicidad. Esa directriz que Jesús dejó en la Tierra es la garantía de la paz, de la felicidad, del bien estar social. Aún así el hombre se perdió en medio de sus luchas, del egoísmo, del orgullo, de la violencia, ignoró tal directriz y hoy se enfrenta consigo mismo en un mezcla explosiva de intranquilidad interior y carcajadas descontroladas.

    Jamás el hombre conquisto tantas cosas en la ciencia como en los días actuales, pero nunca camino tan lentamente en busca de su espiritualización. Son las contradicciones de la vida contemporánea. Ese hombre viejo, que carga dentro de sí a lo largo de las varias existencias, experiencias violentas, se ve hoy en brazos de una dualidad muy intensa: los hábitos enraizados en el pasado, en las vidas anteriores, donde sembró esa violencia, cosechando hoy en su vida, ya que somos la suma de nuestras vidas pretéritas.

    El Espiritismo, demostrando la inmortalidad del alma, a través de los hechos mediúnicos, señala también que existe una lógica para la vida y que cada uno recoge de ella aquello que siembra y/o sembró otrora, dentro de la ley de la acción y de la reacción, donde cada acto, positivo o negativo, repercutirá invariablemente en nosotros, trayéndonos paz o tormento interior. Claro que quien estudia el Espiritismo y practica sus preceptos se ve mejor instrumentalizado para la vida en sociedad, en estos tiempos atribulados, encontrando conceptos lógicos y racionales para el entendimiento de la vida en una visión evangélica de la misma.

    Así siendo, los postulados Espiritistas son antídotos para la violencia, puesto que quien lo conoce sabe que no podrá eximirse de sus responsabilidades sociales, sabiendo que su futuro será un transcurso del presente. Aquel que conoce el Espiritismo sabe aún más que tendrá de modificarse moralmente, si quisiese tener más armonía íntima.

    El Espiritismo, en su aspecto tríplice rescata las Verdades que Jesús enseñó, clareando el raciocinio, interpretándolas con más lógica y actualidad dentro de los enfoques de la pluralidad de las existencias que cada vez más va siendo una realidad en los centros de pesquisas separados de los dogmas religiosos con referencia al estudio de la personalidad humana.

    Precisamos cultivar la compasión, la generosidad que se conjuga en el acto de dar las cosas para aportar en la aptitud de olvidarnos espontáneamente a favor del prójimo. Aprendemos a orar y meditar porque quien no tiene el hábito de introyectar el pensamiento por la meditación no se conoce a sí mismo, y en ese ejercicio tendremos autoridad para soltar las estoicas voces inarticuladas emitidas por quien siente alegría espiritual como lo hizo Paulo: "Ya no soy quien vive, pero Cristo vive en mí..."

    Hace imprescindible que practiquemos el Evangelio en los varios sectores del campo social, contribuyendo con la parcela de mansedumbre para pacificarla, incluso porque, todos desencarnaremos un día, pero la forma de comportarnos dentro del limite cuna-tumba es de nuestra libre opción y hemos de alcanzar la iluminación íntima con el acto de desear, movidos por la fe raciocinada, consonante propone EL CONSOLADOR.

    Jorge Hessen
    E-Mail: jorgehessen@gmail.com

    Site: http://jorgehessen.net


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