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  • segunda-feira, 28 de agosto de 2017

    ¡No soy más espírita! "¿Ex-espírita" será imaginable? Jorge Hessen


    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    Hace unos días, un reconocido divulgador del Espiritismo, se utilizó de las redes sociales para confesar que "no era más espírita". Hemos escuchado sus razones por el "You Tube" y percibimos su ingenuidad, por lo que deliberamos comentar su acto. Sin embargo, antes de explicar sobre la deserción del propagandista insurgente y "ex-espírita", aseguramos que no existe en el diccionario kardeciano el término "ex-espírita". Hasta porque, una vez que se es ESPÍRITA, jamás serán desintegradas las enseñanzas reveladas por los Espíritus a los que fueron racionalmente cubiertos. Por lo tanto, los que se asumen "ex-espíritas" jamás fueron ESPÍRITAS.

    En Obras Póstumas encontramos el artículo "Desertores", en él aprendemos que "entre los ESPÍRITAS convencidos, no hay deserciones, en la legítima acepción del término, visto como aquel que desertara por motivo de interés o cualquier otro, nunca habría sido sinceramente ESPÍRITA; Puede, sin embargo, desanimar. Puede darse que el coraje y la perseverancia flaqueen ante una decepción, una ambición frustrada, de una preeminencia no alcanzada, de una herida en el amor propio, de una prueba difícil. "[1]
    Si algunos "ex-espíritas" desertaron, aniquilando lo ideal, admitiendo extinguir la llama de la Doctrina de los Espíritus bajo cualquier pretexto, según las contingencias históricas, podemos afianzarles que el Espiritismo permanecerá disponiendo sucesivamente por medio de diversos instrumentos de desarrollo y expansión. Esto quiere decir que el Espiritismo proseguirá siempre, aunque algunos, a veces, abandonen la lucha o retrocedan, debido a las conveniencias particularísimas.
    Digan lo que digan, o hagan lo que hicieran, nadie será capaz de privar al Espiritismo de su carácter revelador, de su filosofía racional y lógica, de su moral consoladora y regeneradora. Cualquier oposición es impotente contra la evidencia, que inevitablemente triunfa por la fuerza misma de las cosas.
    Muchos antagonistas de Kardec creían que el Espiritismo se extinguía a causa de los "espíritas" que se envolvían en desorden, arrogancia o deserción, donde centros espíritas se vacíaban o hasta cerraban sus puertas, sin embargo los Espíritus no se quedaron inmóviles u ociosos, al contrario, ellos solucionaron de manera objetiva, provocando nuevos fenómenos y hechos trascendentes, a fin de mantener despiertas las mentes humanas bajo la pujante luz del Consolador Prometido.
    Es obvio que alguien que verdaderamente estudia y busca el perfeccionamiento moral dentro de las enseñanzas del Espiritismo jamás (nunca lo será), será mental, intelectual y sentimental la misma persona. ¡El Espiritismo no impone nada, por el contrario, expone! Si bien es cierto que todas las grandes ideas cuentan apóstoles fervientes y dedicados, no menos cierto es que incluso las mejores de las ideas tienen sus desertores. El Espiritismo no podía escapar de los efectos de la debilidad humana.
    Algunos "ex-espíritas" por algún tiempo predicaron la unión, sembrando la separación; Hábilmente han planteado cuestiones importunas y ferinas; Despertaron el despecho de la preponderancia entre los diferentes grupos. En verdad, todas las doctrinas han tenido su Judas; El Espiritismo no podía dejar de tener los suyos y ellos aún no le faltaron. Kardec los llamaba "espíritas de contrabando", pero que también fueron de alguna utilidad: enseñaron al verdadero ESPÍRITA a ser prudente circunspecto ya no fiarse en las apariencias. Sin duda, pueden los "ex espiritistas" haber sido creyentes, pero, sin contestación, fueron creyentes egoístas, en los que la fe racional no encendió el fuego sagrado de la devoción y de la abnegación.

    A los que luchan con coraje y perseverancia cuya devoción es sincero y sin ideas preconcebidas, los buenos espíritus protegen manifiestamente. ¡Es verdad! Los buenos espíritus nos ayudan a vencer los obstáculos y suavizan las pruebas que no podemos evitarles, mientras que, no menos manifiestamente, abandonan a los que desertan y sacrifican la causa de la verdad a sus ambiciones personales y mezquinas.
    ¿Quién sabe que podemos también llamar desertores a los que predican virtudes religiosas y sociales, acogiéndose en trincheras de usura, los que levantan casas de socorro, desviando recursos que deberían ser aplicados para sanar los dolores del prójimo, las madres que, sin motivo, enmudecen las trompas de la vida en el santuarios propio del cuerpo, embriagándose   de placeres que van a derivar  en la locura, los que pasan las horas censurando actitudes de otro, olvidando los deberes que les competen a los que condenan y maldicen, en vez de comprender y bendecir , los que perdieron la simplicidad y necesitan una torre de marfil para vivir.

    Cuando perpetramos la deserción voluntaria de nuestros deberes, ante las leyes que nos gobiernan, ciertamente que imprimimos ciertas deformidades en el cuerpo espiritual. Benefactores de la Vida Mayor son unánimes en declarar que, en todas las ocasiones en que seamos impulsados a desertar de las experiencias a que Dios nos ha destinado en la vida terrestre, debemos recurrir a la oración, al trabajo, a los métodos de autodefensa y a todos los medios posibles en recta conciencia, en auxilio de nuestra fortaleza y tranquilidad, para huir del profundo pozo de la irrealización personal.
    Referencia bibliográfica:

    [1] KARDEC, Allan. Obras Póstumas, Os desertores, RJ: Ed FEB, 2001

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