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  • quinta-feira, 13 de julho de 2017

    EL ESPÍRITA EN EL VELORIO, CEREMONIA DEL "HASTA AHORA", "HASTA PRONTO", "NOS VEREMOS PRONTO" Jorge Hessen


    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha


     Una vez, un compañero me confesó que no permitirá velorios en el sepultamiento de sus familiares más cercanos, porque es totalmente contrario a tal tradición mortuoria. No ve lógica doctrinal en ese tipo de ceremonial. Cree que después de constatada la desencarnación, en un máximo de unas pocas horas, se deben hacer los preparativos para la sepultura, sin rituales religiosos.

    Busqué aclararle qué velorio o "velamiento" no es necesariamente un ritual religioso ", por lo tanto no está asociado a religiones, porque su inicio se da cuando la persona está enferma y necesita ser velada, cuidada, vigilada. ¡Pues es! El origen de la palabra velar que da origen a velorio viene del latín "vigilare", que da significado de vigilancia. Y más: el término velar no se refiere a las "velas", flores, misas, cultos, sino (repito) al verbo "velar" (de cuidar, velar).

    El diccionario define el verbo velar como "quedarse despierto al lado de (alguien)", "quedarse despierto durante (un tiempo)" y aún "mantenerse de guardia, vigilar" entre otras definiciones. El término tiene una connotación exacta si de hecho las personas que van a "velar" al difunto, realmente lo hacen con actitud de celo, vigilia, respeto y de despedida del cuerpo que sirvió al espíritu durante la experiencia que se cierra.

    Es evidente que velar al difunto es actitud respetable. En el velorio debemos orar respetuosamente al amigo que se despoja del cuerpo físico, dirigiéndole por ejemplo (como sugerencia) la oración indicada por Allan Kardec contenida en el cap. XXVIII, ítem 59 del Evangelio Según el Espiritismo, titulado "Por los recién fallecidos". [1] Protocolarmente o no, en el velorio nos solidarizamos con los parientes y amigos del "muerto", ayudando en lo que sea necesario, sea ofreciendo un abrazo fraterno o apenas la presencia serena, en una empatía repleta de misericordia, en la base de la paciencia y del amor El estímulo, la consolación y el amor, como nos instruye Emmanuel. [2]

    En cambio, en muchos casos esta celebración se ha desviado, y mucho, del sentido ético, pues por encima de las emociones justificables por parte de los parientes y amigos, se ostenta un funeral por gastos excesivos con coronas de flores, santos, escapularios, velas que pueden ser en donaciones a instituciones asistenciales, como instruye André Luiz. Lo  escuchamos en: Los espíritas deben dispensar, en los funerales, los honores materiales exagerados y las escenificaciones, pues considerando que "no todo el espíritu se apaga prontamente del cuerpo", importa, sin embargo, que le enviamos cargas mentales favorables de bendiciones y de paz, A través de la oración sincera, principalmente en los últimos momentos que anteceden al enterramiento o a la cremación. La oferta de coronas y flores debe transformarse "en donativos a las instituciones asistenciales, sin espíritu sectario". [3]

    Social, moral y espiritualmente, cuando comparecemos a un velorio, ejercemos un bendecido deber de solidaridad, proporcionando consuelo a la familia. Desafortunadamente, tendemos a hacerlo por desencaje de conciencia formal, con la presencia física, ignorando el decoro espiritual, a expresarse en el respeto por el recinto y en el esfuerzo de auxiliar al desencarnado con pensamientos elevados.

    El desencarnado necesita vibraciones de armonía, que sólo se forman a través de la oración sincera y de ondas mentales positivas. En el libro Conducta Espírita, el Espíritu André Luiz una vez más nos advierte para "proceder correctamente en los velorios, callando anécdotas y burlas alrededor de la persona desencarnada, tanto como cuchicheos inapropiados al pie del cuerpo inerte. El recién desencarnado pide, sin Las palabras, la caridad de la oración o del silencio que le ayudan a rehacer. "Es importante expulsar de nosotros cualquier conversación ociosa, tratos comerciales o comentarios inapropiados en los entierros a los que comparemos. Porque la "solemnidad mortuoria es acto de respeto y dignidad humana". [4]

    Deplorablemente, pocos se dan al cuidado de conversar bajito, principalmente en el momento de la remoción del cadáver del recinto para la "catacumba", cuando se amontonan mayor número de personas. Tenemos motivos de sobra para la moderación, cultivemos el silencio, conversando, si es necesario, en voz baja, de forma edificante.

    Podemos hacer referencias al finado con discreción, evitando presionarlo con recuerdos y emociones pasibles de perturbarlo, principalmente si son trágicas las circunstancias de su fallecimiento. Oremos en su beneficio, porque "se muere" como "se vive". Si no conseguimos mantener semejante comportamiento, mejor será que ni comparezcamos o nos retiramos del ambiente, evitando ensanchar el estrepitoso coro de voces y vibraciones irrespetuosas que afligen al recién desencarnado, hasta porque el "morir" no siempre es el "desencarnar".


    Referências bibliográficas:


    [1]     Kardec, Allan. O Evangelho Segundo o Espiritismo, cap. XXVIII, item 59, RJ: Ed. FEB, 1939
    [2]     Xavier, Francisco Cândido. Servidores no Além, SP: Editora IDE, 1989
    [3]     Vieira, Waldo. Conduta Espírita, RJ: Ed FEB, 1999

    [4]     Idem

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