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  • sábado, 1 de abril de 2017

    Espiritismo y medicina - Caminos para la terapéutica de los disturbios mentales Jorge Hessen



    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    Las mujeres en casi toda Inglaterra son agredidas y algunas veces quedan en situaciones muy inhumanas, como en el caso de las mujeres embarazadas que pierden a sus bebes (aborto) ante las violencias practicadas por sus esposos (muchos de ellos obsesados) diagnosticados como estresados pos traumáticos. Una de ellas, la británica Lindsey Roberts, dice haber sufrido cinco abortos tras ser agredida por su marido, el militar Andrew Roberts, que era un obseso y repleto de paranoias de guerra, además de disturbios de ansiedad contraídos en los campos de batalla (Iraque, Afganistán). (1)
    La obsesión es la trágica pandemia de los días actuales. La perturbación espiritual de los soldados oriundos de los campos de batalla no es un problema exclusivo inglés pues en los EUA, en Francia, en Italia es común existir hombres (ex-soldados) obsesados, portadores de demencia y disturbios de ansiedad, contraídos en los campos de guerra, recordando aquí que tales países fomentan, conviven y mantienen la guerra en la Tierra (a través de las industrias bélicas).

    El hecho es que la ciencia de esos países y del mundo no alcanza elucidar suficientemente las razonables causas de los disturbios espirituales, psicológicos y mentales de ex-soldados de guerra. El psiquiatra se mantiene aprisionado a los límites del cerebro, fuente que, como nosotros espíritas sabemos, no es la raíz esencial de las patologías sean espirituales o mentales, más si solamente la exteriorización del efecto de la enfermedad.

    La idea de la existencia de un “ente” extra físico (Espíritu) puede elucidar el origen de muchos enigmas patológicos da psique. En todas las épocas de la historia de las civilizaciones, existirán psicópatas que sufrían influencias nefastas de esos “entes” extra físicos (obsesores y enemigos de guerra), y, en algunos casos, envolviendo personajes que se hicieron celebres por sus actos.

    Nabucodonosor II, rey de los Caldeos, sofrió una licantropía y pastaba en el jardín del palacio, como un animal. Tiberio, envuelto por muchos espíritus cobradores, cometió muchos deslices, con mucha malignidad. Calígula y Gengis-Khan marcaron presencia, en función de sus aberraciones psicóticas. Domício Nero, en función de grandes desequilibrios psíquicos, entre tantos equívocos, mando asesinar a su madre y su esposa, y, después, las reencontraba en desdoblamientos.

    Hasta incluso en el campo de las artes encontramos obsesados por “entes” extra físicos. Dostoiévski sufría de ataques “epilépticos”. Nietzsche preámbulo por los asilos de “alienados”. Van Gogh cortó sus orejas en un momento de “demencia” y, envío de presente para su musa inspiradora, finalizando, posteriormente, la vida, con un tiro. Schumann, notable compositor, se arrojó a un Reno, siendo salvo por los amigos e internado en un hospicio, donde el termino la carrera. Edgar Allan Poe sucumbió arrasado por el alcohol teniendo visiones infernales.

    Naturalmente hay tratamiento para tales problemas. La terapéutica para las tragedias psicopatológicas (obsesivas o no) es esencialmente preventiva. El Espiritismo sugiere la resignación ante las vicisitudes de la vida que podrían causar el agravamiento o la atenuación de la enfermedad. Para que haya más éxito en el tratamiento del proceso obsesivo, el primer paso es que se haga un buen diagnóstico del conjunto de los síntomas.

    A pesar de todos los esfuerzos, algunas veces, es difícil hacer un diagnóstico diferencial específico, considerando que las señales y síntomas son idénticos, tanto en la locura, propiamente dicha, con lesiones cerebrales, como en los procesos obsesivos, donde hay gran perturbación en la transmisión del pensamiento.

    Para el tratamientos de las obsesiones es fundamental que se considere la existencia del psicosoma, contextura sutil que envuelve al cuerpo físico. “Es por su intermedio que el Espíritu encarnado se halla en relación continua con los desencarnados. El periespíritu es el órgano sensitivo del Espíritu, por medio del cual este percibe cosas espirituales que escapan a los sentidos corpóreos.” (2)

    El éxito del tratamiento o hasta mismo “la cura se opera mediante la substitución de una molécula [periespiritual] enferma por una molécula sana. El poder curativo estará, pues, en la razón directa de la pureza de la sustancia inoculada; mas depende, también, de la energía, de la voluntad que, cuanto mayor sea, tanto más abundante emisión fluídica provocará y tanto mayor fuerza de penetración dará al fluido.” (3)

    Urge, una vez más, dejar bien claro que el tratamiento espiritual, ofrecido en la Casa Espírita, no dispensa el tratamiento médico. El pronóstico, de modo general, podrá ser bueno o ruin, considerando todos los factores envueltos, especialmente, el interés del obsesado en profundas transformaciones íntimas y la buena voluntad de la familia en darle toda la asistencia posible bajo todos los aspectos.

    “La Doctrina Espírita, aliada a las Ciencias Médicas, podrá entender no contradiciéndose, más si con las manos dadas, caminando juntas, buscando todos los recursos disponibles en el sentido de ablandar el sufrimiento del enfermo [obsesado]” (4). Caso contrario, “la ciencia nadará en un océano de incertezas, mientras crea que la locura depende, exclusivamente, del cerebro.
    La ciencia precisa distinguir las causas físicas de las causas morales, para poder aplicar a las molestias los medios correlativos”.(5)

     Referencias bibliográficas:

    [1]       Disponível em http://www.bbc.com/portuguese/ geral-39191695    acesso em 30/03/2017
    [2]       KARDEC, Allan. A Gênese, RJ: Ed. Feb, 29ª edição, 1986, cap. XIV
    [3]       KARDEC, Allan. A Gênese, RJ: Ed. Feb, 29ª edição, 1986, cap. XIV
    [4]       KARDEC, Allan. O Evangelho Segundo o Espiritismo, 117ª edição, 1990, Instituto de Difusão Espírita - IDE, 117ª ed., cap. I, item 8
    [5]       MENEZES Adolfo Bezerra de. A Loucura sob um Novo Prisma, 2ª edição, Rio de Janeiro: Ed. FEB, 1987

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