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  • segunda-feira, 24 de abril de 2017

    EL DESTINO Y LA OPCIÓN POR EL CAMINO CIERTO Jorge Hessen



    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha
    "Cristiana, me promete una cosa. Acontezca lo que acontezca en su vida, nunca deje de caminar", dice cierta vez su madre, en aquellos tiempos miserables en los que ella se llamaba Cristiana Mara Coelho. Su primera casa fue una caverna en el Parque Estadual de Biribiri, reserva natural próxima a la ciudad minera de Diamantina. La segunda, una favela de San Paulo. Más cuando ella tenía ocho de edad fue llevada para Suecia por los padres adoptivos y pasó a llamarse Cristina Richardson.

    La historia de las dos vidas de Cristina se tornó un best-seller en la escena literaria de Suecia, con título dedicado a las palabras de la madre. Sluta Aldrig Gå (Nunca Pare de Caminar), debut del libro de la autora brasileña que ya no habla el portugués. Junto con el libro, Cristina Richardson también realizó otro sueño: crear una fundación de asistencia a niños carentes en Brasil, La Coelho Growth Foundation. La fundación ya desenvuelve proyectos de asistencia a niños en un vivero y dos orfanatos de San Paulo - incluyendo aquel donde Cristina vivió. La autora cuenta que también inició un proyecto de colaboración con las favelas de Heliópolis, en San Paulo, y del Complejo da Mare, en Rio de Janeiro. [1]

    Cierta vez un amigo enuncio la siguiente citación: “que es el destino, sino un gigante que ridiculiza a enanos seres como nosotros.” Evaluando la historia de Richardson podemos hablar de “destino” “carma” y “libre arbitrio”, no necesariamente en esa secuencia.

    La existencia del destino supone que nada acontece por acaso, más sí que todo tiene una causa ya predestinada, esto es, los acontecimientos no surgen de la nada, más si de esta fuerza desconocida. La corriente filosófica del determinismo defiende que todos los pensamientos y todas las acciones humanas se encuentran causalmente determinados por una cadena de causa y consecuencia. Para el determinismo radical, no existe ningún acontecimiento que sea por acaso o coincidencia, al paso que el determinismo flexible sustenta que existe una correlación entre el presente y el futuro, sometida a la influencia de eventos aleatorios.

    La expresión “carma” no es citada por Kardec, o por los espíritus comunicantes de las obras básicas, todavía, como sinónimo de acción y reacción, a cada nueva existencia el hombre experimentará nuevos desafíos inexorablemente, hasta llegar a la perfección. 

    Para muchas religiones, el destino es un plano creado por Dios que no puede ser alterado por los seres humanos. El Espiritismo, por su vez, no advoca que exista una predestinación absoluta y defiende que Dios dotó al hombre del libre arbitrio (el poder para tomar sus propias decisiones). Nuestra ponderación es en el sentido de amoldarnos al concepto destino, retirándole los contenidos deterministas, para una visión larga y transcendental, más apropiada con los aspectos educativos y rectificadores de la reencarnación.

    ¿En la cuestión 132 de El Libro de los Espíritus, el Codificador interroga sobre cuál sería el objetivo de la encarnación? Los Espíritus explican que “La ley de Dios impone la encarnación con el objetivo de hacernos llegar a la perfección…”.Aun con relación al destino, utilizado como sinónimo de “fatalidad”, Kardec pregunta a los espíritus, en el ítem nº 851:” ¿Habrá fatalidad en los acontecimientos de la vida, conforme el sentido que se da a esa palabra, o sea, todos los acontecimientos son predeterminados? ¿En ese caso, como queda el libre albedrío? Los Benefactores aclaran el tema elucidando – La fatalidad existe apenas en la elección que el Espíritu hace al encarnar y soportar esta o aquella prueba. Y de la elección resulta una especie de destino, que es la propia consecuencia de la posición que el propio eligió y en que se halla. Hablo de las pruebas de naturaleza física, porque, en cuanto a las de naturaleza moral y a las tentaciones, el Espíritu, al conservar su libre arbitrio en cuanto al bien y al mal, es siempre señor para ceder o resistir ...”.[2]

    Cristina Richardson, tras de ser adoptada, escogió su rumbo de vida. La libertad de escoger nuestro propio destino, todos los días, se torna el diferencial entre el género humano y los animales inferiores, que aun, no pueden discernir entre el bien y el mal, lo cierto y lo errado, lo moral y lo inmoral. Evolucionar es nuestro destino, como evolucionar – por el conocimiento o a través del dolor – es siempre una cuestión de elección.

    Lo que no podemos mudar son los hechos principales de nuestra reencarnación, los cuales trazamos juntamente con nuestros “padrinos” espirituales, en el momento de la elección de la vida que merecemos y precisamos tener. “A cada uno será dado según sus obras”. En el mundo espiritual, en el intervalo de las reencarnaciones, escogemos, consciente o inconscientemente, el género de pruebas, de acuerdo con nuestras necesidades y posibilidades adquiridas por la conducta.

    Entretanto, al reencarnar, no quedamos esclavos de ese modo de vida, una vez que las particularidades corren por nuestra cuenta. A todo instante, podemos escoger la actitud a tomar, como dijeron las Entidades Sublimadas: “Dando al Espíritu la libertad de escoger, Dios le deja la entera responsabilidad de sus actos y de las consecuencias que estas tuvieran. Nada le estorba en el futuro; abiertos se hallan, así, al camino del bien, como al del mal”.[3] Richardson optó por el camino sensato.


    Referencias bibliográficas:

    [1] Disponível em http://www.bbc.com/portuguese/internacional-39203681 acesso 23/o4/2017

    [2] KARDEC, Allan. O Livro dos Espíritos, RJ: Ed. FEB, 2002, per. 132 e 851 

    [3] idem questão 258

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