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  • sexta-feira, 25 de novembro de 2016

    ¿EN LA ÉTICA CRISTIANA O EN EL “CORROMPIDO BRASILEÑO” DONDE NOS IDENTIFICAMOS? (Jorge Hessen)





    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    Un estudio inédito realizado por la consultoría BrandAnalytics, empresa ligada a Millward Brown Optimor, uno de los mayores grupos de investigación del mundo, revela lo que los brasileños piensan del País. Si Brasil fuese “una persona”, la principal característica, aquella que se ve luego de cara, sería la deshonestidad.

    Segundo Dulce Critelli, profesora de filosofía de la PUC de San Paulo, los resultados de la pesquisa demuestran que gran parte de la población no confía ni en el País ni en el compatriota. En el clásico “Raíces de Brasil”, el historiador Sérgio Buarque de Holanda, a hablar del “hombre cordial” destaca igualmente lo que llama de “personalismo” del ciudadano brasileño. En Brasil, dice Holanda, las personas cultivan el mérito personal (el “cada uno por si”), en vez del trabajo colectivo. [1]

    ¿Eso realmente corresponde a la realidad? mirémoslo por otro lado y pensemos bien: ¿la mayoría de las personas de nuestro entorno es deshonesta? ¿Ellas quieren tener ventaja sobre nosotros? ¿O como se dice: quieren “pasar por encima”, engañarnos, atraparnos, “dar alcance”?

    Desde la Proclamación de la República, construida bajo los deseos de valores de orden y del progreso, hasta nuestros días, aun no nos ajustamos rigurosamente a la honradez y a la honestidad.

    Los brasileños (salvadas honradas excepciones) necesitamos modificar la cultura de la deshonestidad, a fin de que nuestra patria progrese en orden. Hasta porque, mientras prosiguiéramos conectados a la tradición de lo “corrompido camino”, el futuro de esta patria estará comprometida por el desorden y decadencia general.

    En el cinismo de las viles tendencias deshonestas trajimos a continuación, algunos escenarios y prácticas dos trágicos “caminos”, a fin de que valoremos si nos identificamos o no como protagonistas.

    Veamos, son los conterráneos que fueron a la fila de coches en frente de la escuela para recoger a sus hijos o poner el coche en el asiento reservado para las personas con discapacidad y de edad avanzada en los estacionamientos de los hospitales, supermercados, tiendas.

    Compatriotas que roban toallas, batas de baño, cubiertos y otros utensilios de hoteles, clubs, oficinas gubernamentales, etc.; hay los que se conectan a señales de Internet y al cable de tv de vecino; que ofrecen dinero (propina) para sobornar a la policía, a fin de huir de la multa; que no emiten nota fiscal al cliente; que no declaran el Impuesto de la Renta; que traman enfermedades para defraudar el INSS.

    Hay compañeros que falsifican la cartilla de estudiante (para pagar media entrada); que asignan la “hoja de puntos” del compañero; que compran productos “pirateados”; que no restituyen a cambio el trato recibido al mayor; que golpean el punto por el colega; que compran diplomas falsos para participación en concursos públicos y, más común aun, hay los que recurren a falsos atestados médicos, para justificar ausencias más prolongadas en el trabajo.

    No habrá futuro promisor para un país con una sociedad así estructurada. Es urgente una higienización moral, aprovechando el momento histórico que estamos atravesando en Brasil, para que sean exaltados los valores de la Ética Cristiana y consagrada a la honestidad.

    Es inconcebível un espírita deshonesto. Un seguidor fidedigno de Cristo y de Kardec tiene que ser fiel al Evangelio y a los principios que la Doctrina de los Espíritus imponen y tener noción de que honestidad es práctica obligatoria para todo ser humano, principalmente para un “espírita cristiano” (*).

    Nos cabe vivir y ejemplificar la honestidad en el hogar, en la vida profesional, en los negocios, en la política, en la administración pública, bien como en las otras situaciones, consultando siempre la consciencia, donde están inscritos los códigos de la ley de Dios.

    Brasil será un país exitoso si cada compatriota destierra de su propia cultura la censurable “corrupción brasileña”.

    (*). Hay “espíritas” que no se consideran cristianos

    Referência:
    [1] Disponível em http://istoe.com.br/360834_O+ DESENCANTO+COM+O+BRASIL/ Acesso 23/11/2016

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