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  • sexta-feira, 1 de abril de 2016

    INQUIETUDES (Jorge Hessen)


    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
    Madri/Espanha


    La ansiedad es el gran síntoma de características psicológicas que muestra la intersección entre lo físico y psíquico, una vez que tiene claros síntomas físicos, como taquicardia (mezclas), sudores, temblores, tensión muscular, aumento de las secreciones, aumento de la motilidad intestinal, cefalea (dolor de cabeza). Cuando recurrente e intensa, también es llamada de síndrome del pánico (crisis ansiosa aguda). Toda esa excitación acontece decurrente de una descarga de un neurotransmisor llamado noradrenalina, que es producido en las glándulas suprarrenales, núcleo amigdalino y el locus cerúleos. [1]

    La ansiedad, cuando exorbita, se torna causa de muchas enfermedades espirituales y decisiones impulsivas, requiriendo muchas veces siglos para la debida reparación, si, siglos! Jesus nos invitó a vencer la preocupación exagerada, o sea, la ansiedad enfermiza. Pronuncia el Maestro: “No os inquietéis, pues, por el día de mañana, porque el día de mañana cuidará de si mismo. Basta a cada día su mal". [2] La persona ansiosa, en el deseo de acelerar lo que imagina ser formidable lo que ha de advenir, en la mayoría de las veces sean apenas simples capricho, atrae también dolores y disgustos sobre si misma.

    Las ansiedades crónicas diseñan itinerarios íngrimos y jamás edifican algo de útil en la vida de alguien. De tal modo que Emmanuel advierte: “si el hombre naciese para andar ansioso, sería decir que vino al mundo, no en la categoría de trabajador en tarea santificante, más si como un desesperado sin remisión.” [3] Una criatura que vive entregada al pesimismo y a los malos pensamientos tiene a su alrededor una atmosfera espiritual oscura, a la cual se aproximan Espíritus enfermos. La angustia, la tristeza y la desesperación aparecen, formando un cuadro físico-psíquico deprimente, que puede ser modificado bajo la orientación de las enseñanzas morales de Jesús. [4]

    Además, la conducta mental y espiritual de alguien, cuando cultiva los sentimientos de ansiedad, impregna al organismo físico y al SNC (sistema nervioso central) con frecuencias vibratorias infectadas que bloquean áreas por donde se esparce la energía vital, abriendo campo para la instalación de los múltiples estados patológicos, cara a la proliferación de agentes deletéreos (microorganismos de orígenes psíquicas) degenerativos que se instalan. Por eso, la disciplina mental y emocional surge como sustentáculo del edificio de las luchas rutinarias bajo el influjo de la resignación indispensable ante los embates vitales para nuestro crecimiento espiritual.

    Cuando experimentamos una sensación de angustia, de ansiedad indefinible o de íntima satisfacción, sin que conozcamos la causa, no podemos simplemente atribuirla únicamente a una disposición física, pues “es casi siempre efecto de la comunicación en que inconscientemente entramos con los Espíritus, o con ellos tuvimos durante el sueño.” [5] en ese caso, el proceso terapéutico adviene de la fuerza espiritual cuando es canalizada de manera correcta sobre los alicientes de la educación del pensamiento y de la disciplina saludable de los hábitos. Es un embate sin treguas, aunque el esfuerzo para llevarlo a término construirán bases morales sólidas en aquel que se que se predispone a realizarlo.

    La ansiedad pertinaz como vimos puede ser un disturbio asociado al hecho de la alteración de la noradrenalina. Cuando su producción o forma de producción se altera pudiendo ocasionar la ansiedad, entre otras patologías gravísimas, se torna una puerta entreabierta. El uso de los fármacos puede establecer la harmonía química cerebral, mejorando el humor del paciente, no en tanto cuida simplemente del efecto, pues los medicamentos no curan la ansiedad mórbida en sus intrínsecas causas; apenas restablecen el tránsito de los mensajes neuronales, mejorando el funcionamiento neuroquímico do SNC (sistema nervioso central). Si los médicos son mal sucedidos tratando de la mayor parte de las molestias, es que tratan del cuerpo, sin tratar del alma. Eso porque con Jesús los reflejos del pasado serán apenas estímulos para entregarnos a la lidia renovadora y proficua, en pro de nuestras existencias venideras. 

    Si, Jesus nos envió como legado uno de los más poderosos medicamentos contra el desasosiego mental-emocional: la Codificación espírita, cuyos preceptos traen a la memoria humana la certeza de que, a pesar de los azotes aparentemente destruidores del destino, el hombre precisa conservarse en pie, denodadamente, marchando firme al encuentro de los supremos objetivos de la vida, enfrentando serenamente los obstáculos como un instrumental necesario que Dios envía a sus criaturas.


    Referencias bibliográficas:

    [1] Disponible en http://www.ansiedade.com.br/transtornos/ansiedade/ acesso em 29/03/2016

    [2] Mt. 6:34;

    [3] Xavier Francisco Cândido. Pão Nosso ditado pelo Espirito Emmanuel , cap. 8, RJ: Ed. FEB, 1999

    [4] Kardec, Allan. Revista Espírita de maio de 1867, RJ: Ed FEB, 2000

    [5] Kardec, Allan. O Livro dos Espíritos, questão 471, RJ: Ed. FEB, 197

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