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  • quinta-feira, 25 de fevereiro de 2016

    NO EXISTEN SEXOS OPUESTOS, MÁS SI COMPLEMENTARIO (Jorge Hessen)

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
    Madri/Espanha


    Jackson Katz, maestro en educación por la Universidad Harvard y doctor en estudios culturales por la Universidad de California, fue uno de los creadores, en 1993, del Mentors en Violence Prevención, un programa de prevención contra el asedio y el abuso sexual en los Estados Unidos. Dedica prácticamente todo su tiempo a combatir la violencia contra la mujer y a promover la igualdad entre los géneros. El método de entrenamiento Katz está enfocado en algunos objetivos entre ellos concienciar a las personas sobre los males del sexismo y a cambiar el concepto de masculinidad. El hecho de los hombres ser educados para ser dominantes sobre las mujeres, para ser abusivos a la hora de conseguir lo que quieren es inaceptable. Urge un cambio de los métodos de educación y socialización de los pequeños para que en el mañana la violencia contra la mujer desaparezca.

    Anticipándose en el tiempo Kardec ya protegía a la mujer contra los desvaríos de su época. Tuvo la cautela de dejarlas envueltas en una capa de semi-anonimato, pues el preconcepto contra ellas aún era colosal. Basta notar que 129 operarias americanas fueron quemadas vivas dentro de una fábrica, por el “crimen” de reivindicar salarios iguales a los de los hombres y el hecho ocurre apenas 41 días del lanzamiento de El Libro de los Espíritus. Y, además de ser mujeres, las médiums estudiadas por Kardec aún eran jóvenes y paranormales (¿brujas?). Un “banquete” para la mentalidad vitoriana del siglo XIX.

    En Francia de finales del siglo XIX, la prensa parisiense se agitaba en un debate en torno a la legalidad de diplomar o no a una joven soltera de 20 años que acabara de graduarse académicamente, tan solo a causa de su condición femenina. El Codificador explica el hecho: “Después de haber reconocido que ella [la mujer] tenia alma, le reconocieron el derecho a la conquista de los grados de la ciencia, lo que ya es alguna cosa. Y afirma que los derechos de las mujeres no son concesiones de los hombres, como atestaban algunos intelectuales, más si el resultado de la propia Naturaleza, que no hizo a ninguno superior al otro. Es con el mismo objetivo por el que los Espíritus se encarnan en los sexos diferentes: aquel que fue hombre podrá renacer mujer y viceversa, con el fin de realizar los deberes de cada una de esas posiciones y sufrir las pruebas necesarias para su progreso”. [1]

    En la cuestión 817 de El Libro de los Espíritus los Benefactores enseñan que “Dios otorgó a ambos [hombre y mujer] la inteligencia del bien y del mal y la facultad de progresar, siendo esa la mayor señal de la igualdad entre ambos”. [2] No existe, por tanto, diferencias entre el hombre y la mujer si no en el organismo material (que se extingue con la muerte), dando por ley natural la igualdad de derechos, mas si con funciones diferentes, apropiadas a las características intrínsecas de cada sexo.

    En otro lado del debate, observamos con pesar al movimiento feminista donde la mujer moderna, de modo general, indiferente a los deberes de mujer se sumergía en las ilusiones políticas, en la concurrencia profesional, en los venenos filosóficos que invadieron sus ideales. No son muchas las mujeres que se mantienen con humildad, en los puestos de servicio con Jesus, convencidas de la transitoriedad de las posiciones humanas. “La ideología feminista de los tiempos modernos, con las diversas banderas políticas y sociales, puede ser un veneno para la mujer desavisada de sus grandes deberes espirituales cara a la Tierra. Si existe un feminismo legítimo, ese debe ser el de la reeducación de la mujer para el hogar, nunca para una acción contraproducente fuera de él. Es que los problemas femeninos no podrán ser solucionados por los códigos del hombre, mas solamente a la luz generosa y divina del Evangelio” [3]

    La “era tecnológica pretende, en esencia, construir una civilización sin las madres y eso es un error muy grande, de modo que, creando dificultades para la mujer y, especialmente, para la maternidad, estamos condenándonos a nosotros mismos a muchas perturbaciones, porque la mujer sin apoyo entra, naturalmente, en desespero, dando origen a determinadas teorías que no son aquellas del feminismo auténtico, aquel feminismo correcto que prepara a la mujer para la independencia constructiva”[4]

    La mujer debe reducir, cuanto le sea posible, el tiempo gastado en el trabajo profesional y esforzarse más en la tarea de la educación de sus hijos, prefiriendo ganar un poco menos en valores materiales y potencializar sus tesoros espirituales. Sabemos que actualmente no es fácil esa tarea, pues la sociedad se curvo ante el consumismo, la concurrencia profesional, secuestrando a la mujer del hogar para enclaustrarla en las funciones hodiernas algunas veces subalternas a su grandeza y casi siempre extrañas a su naturaleza.

    No en tanto, en el desafío que se impone a la mujer, pensamos que es su principal misión sensibilizar el mundo con una actuación profesional más humana, menos burocrática y más efectiva en favor del semejante, sin embargo, nunca olvidar la ternura del hogar, invirtiendo los valores legítimos del alma. La mujer debe conciliar el papel de madre y esposa, muchas veces dejado para un segundo plano.

    "Hombre y mujer son iguales ante Dios y tiene los mismos derechos porque a ambos fue otorgada a la inteligencia del bien y del mal y la facultad de progresar."[5] No existen sexos opuestos, más si complementarios. “El hombre y la mujer, en el instituto conyugal, son como el cerebro y el corazón del organismo doméstico. Ambos son portadores de una responsabilidad igual en el sagrado colegio de la familia; y, si el alma femenina siempre presentó un coeficiente más avanzado de espiritualidad en la vida, es que, desde temprano, el espíritu masculino intoxicó las fuentes de su libertad, a través de todos los abusos, perjudicando a su posición moral en el transcurso de las existencias numerosas, en múltiples experiencias seculares”. [6]


    Referencias bibliográficas:

    [1] Kardec Allan. Revista Espirita / Janeiro 1866/ RJ: Ed FEB, 1972

    [2] Kardec, Allan. O Livro dos Espíritos. Perg. 817 e seguintes, 9a. ed. de bolso. RJ: Ed FEB, 2005.

    [3] Xavier Francisco Cândido. O Consolador, perg. 67, RJ: Ed. FEB, 2000

    [4] Xavier, Francisco Cândido. A Terra e o Semeador, ditado pelo Espirito Emmanuel, SP: Ed. Ideal, 1975

    [5] Kardec, Allan. O Livro dos Espíritos. Perg. 817 e seguintes, 9a. ed. de bolso. RJ: Ed FEB, 2005

    [6] Xavier Francisco Cândido. O Consolador, perg. 67, RJ: Ed. FEB, 2000

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