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  • quinta-feira, 1 de outubro de 2009

    EVANGELIO INSTRUMENTO SUBLIME PARA VENCER LAS TINIEBLAS (*) (20.02.09)


    Traducido por: Merchita

    Cara a la ausencia de mayor vigilia para la práctica cristiana que venga nortear nuestras acciones y reacciones, permanecemos en un estado inferior de angustias. Hay un esfuerzo cada vez más intenso de los obsesores por mantener la vida en la Tierra en su primerizo instintivo y nuestras tendencias funcionando como antenas receptoras mentales para las conexiones infames con sus artimañas. Es bueno que se diga que esa conjugación también se da al nivel de encarnados para encarnados y de estos para desencarnados.

    En lo que reporta a los problemas de influenciaciones espirituales, Allan Kardec interroga a los mentores espirituales: "¿Influyen los espíritus en nuestros pensamientos y acciones?

    Los venerables benefactores elucidan que "(…) su influencia es mayor de lo que pensáis, pues muchas veces son ellos los que os dirigen."(1)

    A propósito, recordemos que el alcoholismo, el uso de las drogas, los desvaríos sexuales, el tabaquismo, crean acondicionamientos al encarando y atienden también al desencarnado que se ve atormentado por el irresistible deseo. En la imposibilidad de satisfacerse en la dimensión espiritual, los viciosos del más allá procuran a los viciosos encarnados para establecer un proceso de simbiosis psíquica. Por eso, no es raro el vicioso sentirse nervioso, descontrolado, por pasar algún tiempo sin realizar su deseo. Normalmente, eso es síntoma de influencia de los obsesores, que cobran la satisfacción de sus necesidades.

    Sabemos que los verdugos luchadores del plano extra físico (desencarnados) son los mismos encarnados de otrora que, por mala voluntad, permanecen imantados a los planos de la materialidad, del sensualismo, de la violencia y que agarrándose, fuertemente al campo físico no se desprenden de los encarnados que con ellos se afinizan.

    Por tanto, por insinceridad, en nuestro tenue esfuerzo para la reforma moral, obstamos por las relaciones equilibradas y equilibrantes con nosotros y con nuestro prójimo. Toda nuestra desarmonía nos lleva a desenvolver sintonías viciosas con otras mentes enfermas, sean con desencarnados o encarnados, lo que aguza sobremanera nuestro propio desarreglo interior, resultando de haí ls ingentes dificultades para liberarnos de las cadenas en las que nos aguijoneamos ante las garras del mal.

    Urge que, en la medida que la idea negativa sea facilitada, los espíritus vayan dominando nuestra personalidad, ejerciendo influencia cada vez más consistente. Las motivaciones deliberadas para actuar en padrón de inferioridad moral sufren potencialización impresionante, pues los obsesores actúan, emitiendo fuerzas mentales como dardos venenosos que a poco nos destruyen. Sin embargo, no podemos olvidar que la obsesión es un importante factor que amplia los impulsos que nos son propios donde se infiere que la obsesión es apenas una cuestión de afinidad moral. "Cada uno de nosotros forma su atmosfera moral, dentro de la cual solamente pueden penetrar espíritus de nuestra naturaleza, que son los únicos que la pueden respirar." (2)

    La obsesión se configura toda vez que, el encarnado o desencarnado, ejerza sobre otro constricción mental negativa por cualquier motivo, a través de simples sugestión, inducción o coacción, objetivando dominio. A titulo de rigor, "La obsesión ocurre porque seres humanos aun cargan en sus almas una tasa más elevada de sombras que de luz." (3)

    Evidentemente que la pieza más importante para la victoria sobre las tinieblas está reservada al obsesado. La terapéutica doctrinaria es la de la invitación para el auto análisis sincero, para destruir en definitiva las tendencias negativas, en una estoica búsqueda del Evangelio como alabanza de legitima liberación.

    (*) Artículo publicado en la Revista El Espirita / 1º Semestre de 2005, Pg.6

    FONTES:
    (1) Kardec, Allan. El Libro de los Espiritos, Río de Janeiro: Ed. FEB, 2001, cuestión 459
    (2) Menezes, Bezerra. La Locura Bajo Nuevo Prisma, Río de Janeiro: Ed. FEB, 1984, pag 158
    (3) Shubert, Suely Caldas. Obsessão y Desobsessão, Río de Janeiro: Ed. FEB 1981, p

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