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  • terça-feira, 29 de setembro de 2009

    PALABRAS A LAS PERSONAS LAUREADAS POR TÍTULOS ACADÉMICOS (31.03.06)


    Traducido por: Merchita

    La humildad es el fundamento de todas las virtudes. Están los que elevan conceptos o exageran virtudes de si mismos. Todavía, el humilde no se deja lisonjear por los elogios o por la situación de destaque en el cual se encuentra por tener conciencia de lo poco que sabe delante de la amplitud del saber.

    No concordamos con oradores espiritas que hacen el propósito de mantener sus nombres a la sigla "doctor" y se vanaglorian de ese pronombre de tratamiento (1) en los eventos que participan en nombre de Cristo. Importa resaltar que el empleo ultrapasado de "doctor" es común entre la gente más humilde y sin instrucción que asocian la palabra a un status social o a un nivel de autoridad superior al suyo. Estratificaciones sociales que no se adhieren con el Evangelio.

    No en tanto es como si dice. "en tierra de ciego quien tiene un ojo es el Rey". En tierra de millones de analfabetos, quien tiene el titulo de bachillerato es "doctor". Más, a rigor, el titulo de "doctor" es conferido por las universidades a los estudiosos, después de concluir el curso de graduación y, mediante resguardo de una tesis consiguen aprobación ante un escabel de notables.(2) Etimológicamente, el vocablo "doctor" procede del verbo latino "docere" ("enseñar"). Significa, pues "maestro", "preceptor", "el que enseña". De la misma familia es la palabra "docto" que significa "Instruido", "sabio". (3)

    El principal pronombre de tratamiento, consagrado universalmente es el único que los legítimos espiritas deben usar como necesaria manifestación de respeto, no importa a quien se estén dirigiendo, es "Señor"/ "Señora" usándose siempre el tratamiento directo. (4) Por eso, cuando un dirigente estableciera un nuevo relacionamiento en los oradores espiritas, se limite al uso de "Señor", y no utilice "doctor", una discriminación, a rigor un constreñimiento que inequívocamente afecta a la igualdad de tratamiento garantizada en la practica plena del Evangelio de Jesús.

    En cuanto hubiera oradores que no se reconozcan como individuos comunes y acrediten merecer un tratamiento ceremonioso, sometido a formalidades de los protocolos sociales, con cuidadosa recriminación en varios grados de adaptación y prioridades, indiscutiblemente reflejará la prueba de su "potencial doctrinario" y "superioridad moral", incentivando comportamientos enderezados en las propuestas cristianas.

    Es bastante conocida la influencia que las elites ejercen en los diversos sectores de la sociedad y, como no podría dejar de ser, también en el movimiento espirita. Fragmentos de la (elite) acabaran asumiendo puestos de comando en las federaciones y casa espiritas. Y como veneran las glorias sociales, los títulos y el sentirnos en los primeros lugares de los eventos el desfile de la vanidad pasa a ser apenas un reflejo natural de ese anti espiritismo conocido en los días de hoy donde el intercambio público de amabilidades es apenas el barniz de la dolencia moral de nuestra época.

    Chico Xavier ya advertía en 1977, "es preciso huir de la tendencia a la "elitización en el seno del movimiento espirita (…) el Espiritismo vino para el pueblo. Es indispensable que lo estudiemos junto con las masas más humildes social e intelectualmente hablando y a ellos aproximarnos (…) Si no nos precavemos, de aquí a poco estaremos en nuestras casas espiritas apenas hablando y explicando el Evangelio de Cristo, a las personas laureadas con títulos académicos o intelectuales (…)" (5)

    Los "expositores-doctores" no deben olvidar que Chico Xavier, Divaldo Franco, tanto como en el pasado León Denis, no pedían participar de esos conclaves rígidos por el peso de los títulos académicos, bajo pena de sentirse desambientados y oprimidos, por no tener la titulación conferida por las universidades del mundo. Esto para no citar al propio Cristo, que no pasó de la condición de modesto carpintero. "Por más respetables títulos académicos que tengamos, no hesitemos en confundirnos con la multitud para aprender a vivir, con ella, el gran mensaje. (…)" (6)

    No será con la construcción de templos lujosos, con competiciones de cargos electivos, con disputas de exhibición en la tribuna entre los doctores, con las querellas del simposio, que iremos a forjar opiniones equilibradas para la Tercera Revelación.

    Lo importante es que aya menos competición y más cooperación, a fin de transferir la Doctrina para las futuras generaciones, conforme la recibimos del Codificador y de sus iluminados trabajadores de las primeras horas.

    No es posible continuar oyendo oradores, laureados por el tratamiento de doctores, realizar discursos triunfantes de felicidad mientras la humanidad agoniza en la indigencia de la ignorancia de las letras.


    FUENTES:
    (1) El Aurélio define los pronomes de tratamiento como "palabra o locución que funciona tal como los pronomes personales". Los gramáticos, por su parte, enseñan que esos pronomes son de la tercera persona, sustituyendo lo "tú" de la según persona
    (2) Algunos recurren la LEY DEL IMPERIO DE 11 DE AGOSTO DE 1827, que crea dos cursos de Ciencias Jurídicas y Sociales, introduce normativa, estatuto para el curso jurídico y, en su artículo 9º dispone sobre el Título (grado) de "doctor" para el Abogado,
    (3) En los países de lengua inglesa, los médicos son llamados de "doctor". Cuando escriben artículos, o en sus jalecos, sin embargo, no emplean el término, pero sólo el propio nombre, acompañado de la abreviatura M.D. (medical degree), es decir, "formado en Medicina", "médico".
    (4) Problemas del Cerimonial. En los círculos cerrados de la diplomacia, del clero, de la burocracia gubernamental, de la judicatura, etc., aún existe el empleo codificado (Son obligatorios por Ley) de pronomes de tratamiento laudatório, hierarquizados por la importancia oficialmente atribuida cada cargo
    (5) Entrevista concedida al Dr. Jarbas Leone Varanda y publicada en el periódico uberabense El Triângulo Espírita, de 20 de marzo de 1977, y publicada en el Libro intitulado Encuentro el Tiempo, org. Hércio M.C. Arantes, Editora ID/SP/1979.
    (6) Ídem

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