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  • segunda-feira, 28 de setembro de 2009

    NO EXISTE DESOBSESIÓN SIN BASE DE RENOVACIÓN MORAL (23.07.05)


    Traducido por: Merchita
    E-mail: merchita926@telefonica.net

    El Espiritismo explica que en la locura la causa del mal es interior y es preciso procurar restablecer el organismo al estado normal. En la obsesión, la causa del mal es exterior y es preciso desembarazar al enfermo de un enemigo invisible oponiéndole, en los remedios, una fuerza moral superior a la suya. “La experiencia prueba que, en semejante caso, los exorcismos no producirán jamás ningún resultado satisfactorio, y que antes agravaran que mejoraran la situación. Solo el Espiritismo, indicando una verdadera causa del mal, puede dar los medios de combatirlo. (1) Es preciso, de cierta manera, educar moralmente al Espíritu obsesor; por consejos inteligentes, se puede hacer haciendo lo mejor, determinándole declinar espontáneamente al tormento de la victima, y entonces esta se libera.

    Todavía no se puede olvidar que los obsesores son hábiles e inteligentes, perfectos estratégicos que planean cada paso y acompañan a las presas por algún tiempo, observando sus tendencias, sus relaciones, sus ideales. Identifican sus puntos vulnerables (casi siempre ligados al desalineo sexual) y los exploran pertinaces.

    Para la escuela psiquiatrita la obsesión es un pensamiento, o impulso, persistente o recurrente, indeseado y aflictivo, que viene a la mente involuntariamente, a despecho de del intento de ignorarlo o suprimirlo. Psiquiatras que no admiten nada fuera de la materia no pueden entender una cosa oculta; más cuando la academia científica haya salido de la rutina materialista, ella reconocerá en la acción del mundo invisible que nos rodea y en el medio en el cual vivimos, una fuerza que reacciona sobe las cosas físicas, tanto como sobre las cosas morales. Ese será un nuevo camino abierto al progreso y la llave de una multitud de fenómenos mal comprendido del psiquismo humano.

    Bajo el enfoque espirita, obsesión es la acción persistente que un espíritu malo ejerce sobre un individuo. Presenta caracteres muy diferentes, que van desde una simple influencia moral sin señales exteriores sensibles hasta la perturbación completa del organismo y de la facultades mentales. Cuando la subyugación obsesiva (2) representa un constreñimiento físico siempre ejercido por Espíritus bastantes vengativos y que puede ir hasta la mortificación del libre albedrío. Ella se limita, muchas veces, a simples expresiones incomodas, más resulta, muchas veces, movimiento psicomotores desordenados, actitudes incoherentes, crisis, palabras inadecuadas o injuriosas, las cuales aquel que de ella es el blanco tiene conciencia algunas veces de todo el ridículo, más del cual no se puede defender.

    “Ese estado difiere esencialmente de la locura patológica, con la cual se confunde erradamente, porque no hay ninguna lesión orgánica; las causas siendo diferentes, los medios curativos deben ser otros. Aplicándole el procedimiento ordinario de las luchas y de los tratamientos corporales, se llega, muchas veces, a determinar una verdadera locura, donde no hay sino una causa moral”.(3) Ese desarreglo psicoespiritual deberá ser eliminado del Orbe, en el instante en que el legitimo ejemplo del amor fuera experimentado y diseminado en todas las direcciones, consonantemente Jesús consubstanció y vivenció hasta la amargura de la muerte, y prosiguiendo desde los tiempos apostólicos hasta los días actuales.

    El Espiritismo, desvendando la intervención de los Espíritus endurecidos en el mal en nuestras vidas, lanza luces sobre cuestiones aun desconsideradas por las ciencias materialistas como de causa psicopatológica. Es, obvio, no descartando la posibilidad de la anomalía psicosomática la Doctrina Espirita hace conocer otras fuentes de miserias humanas, mantenidas por la fragilidad moral de los seres.

    Reconocemos que el uso de los fármacos establece la armonía química cerebral, mejorando el humor al paciente, no en tanto, actúan simplemente en el momento, una vez que los medicamentos no curan la obsesión en sus intrínsecas causas; apenas restablecen el transito de los mensajes neuronales, corrigiendo el funcionamiento neuroquimico del SNC (sistema nervioso cerebral). Sócrates ya afirmaba “si los médicos son mal sucedidos, tratando de la mayor parte de las molestias, es que tratan el cuerpo, sin tratar el alma. Ahora, no hallándose todo en buen estado, es imposible que una parte de el pase bien”. (4)

    Si delante de nuestros fracasos momentáneos acostumbramos olvidar, sistemáticamente la paciencia y el equilibrio, la oración y la vigilia, entonces es urgente establecer el momento para la introspección, en el esqueleto de la mente, a fin de que vengamos a hacer en nosotros mismos las correcciones provenientes. En estas situaciones cotidianas, acostumbramos entronizar la idea de obsesión, posesión, subyugación suponiéndonos “victimas” (5) de entidades perseguidoras. La cuestión no en tanto no se restringe solo a la influenciación espiritual de los enemigos que se nos embute en la frecuencia psíquica, más, sobre todo, dice respecto a nosotros mismos.

    La obsesión de varios grados se constituye de tratamiento de largo curso, por muy delicado y complejo y el resultado dichoso depende de la renovación espiritual del paciente, en razón de que despierte para la seriedad de la coyuntura aflictiva en que se encuentra. Simultáneamente, la solidaridad fraternal, envolviendo a ambos enfermos en oraciones y compasión, esclarecimientos y estímulos para el futuro saludable, consiguiendo romper el círculo vigoroso de energías destructivas, abriendo espacio para la acción benéfica, el intercambio de esperanza y de liberación.

    Muchas veces procurado por los obsesados Cristo penetraba psíquicamente en las causas de su inquietud, y, usando de autoridad moral, libertaba tanto a los obsesores como a los obsesados, permitiéndoles despertar para la vida animada rumbo a la recuperación y a la pacificación de la propia conciencia. Sin embargo, es muy importante recordar que Jesús no libero a los obsesados sin imponerles intransferible necesidad de renovación intima, ni expulso a los perseguidores inconscientes sin proporcionarles la dirección de Dios.

    En cualquier proceso de orden obsesivo la parte más importante del tratamiento está reservada al paciente. Su fijación en permanecer en desequilibrio constituye estorbos de difícil renovación en la terapia del mejoramiento. La terapia espirita es la de la invitación al enfermo para la responsabilidad, convocándolo a un auto análisis honesto, de modo que el pueda eliminar en definitiva sus incursiones en los aborígenes de los desvíos morales.

    Esforcémonos pues, por la vigilia constante y orando para que nos liberemos de la verdasca de las obsesiones, con el firme propósito de modificación de hábitos y actitudes negativos, ingresando en el seno de los valores ennoblecedores de la vida por el efectivo cambio del comportamiento.

    Jorge Hessen
    E-Mail: jorgehessen@gmail.com

    Site: http://jorgehessen.net


    FONTES:
    1-Kardec, Allan. El Libro de los Médiuns, Río de Janeiro: Editora FEB, 2001 y Revista Espírita, febrero, marzo y junio de 1864. La joven obsesionada de Marmande
    2- A subjugação obsessiva, el más ordinariamente, es individual; pero, cuando una falange de Espíritus malos se abate sobre una población, ella puede tener un carácter epidêmico. Fue un fenómeno de ese género que ocurrió al tiempo de Cristo; sólo una poderosa superioridade moral podía domar esos seres malfazejos, designados entonces bajo el nombre de demonios, y devolver la tranquila a sus víctimas. [Una epidemia semejante castigó por varios años una aldea de la Haute-Savoie, conforme relata la Revista Espírita, abril y diciembre de 1862; enero, febrero, abril y mayo de 1863: Los possessos de Morzines]
    3- Kardec, Alan. Lo Que es el Espiritismo, Cap. II, Escojo de los Médiuns, Río de Janeiro: Editora FEB, 2003.
    4- Kardec, Allan. El Evangelio Según el Espiritismo, Resumo de la doctrina de Sócrates y de Platão, item XIX, Río de Janeiro: Editora FEB, 2001
    5- Los llamados obsessores, en la mayoría de las veces, son de hecho nuestras víctimas reales del pasado.

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