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  • terça-feira, 29 de setembro de 2009

    EL CULTO A LOS MUERTOS EN UNA VISIÓN KARDECIANA (02/11/07) .....


    Traducido por: Merchita

    El hombre solo comienza a ser Hombre, cuando comienza a enterrar a sus muertos, nos dice el historiador Aníbal Almeida Fernández, en "La Genealogía como factor en la formación de la Civilización", y concluye: Es el marco divisorio entre en animal y el primer hombre, y ocurrió hace cerca de 40.000 años con el Homo Sapiens y el Homo Neandertal, antes mismo de la agricultura, y es el inicio de la historia humana. El sentimiento de adorar a los muertos fue moldeado, pues, a partir de época bien remota y está sedimentado en casi todas las tendencias religiosas. Las comunidades primitivas, peninsulares, agropastoris, inclinadas al culto agrícola y al culto de la fertilidad, acreditaban, originariamente, que, en sepultando a sus muertos en las proximidades de los campos agrícolas, los espíritus de esos cadáveres resurgirían a la vida con más vigor, como simientes plantadas en suelo fértil, más creían que eso se daría como algo secreto y misterioso. Con esa creencia, se reverenciaban a los muertos próximos a las tumbas, con fiestas y, sobretodo, con mucha alegría, practica que se extendió viva en algunas culturas contemporáneas. Las costumbres de los pueblos primitivos se fueron modificando debido a la influencia de otros, venidos, probablemente, del norte de África (los iberos) y del centro de Europa (los celtas).

    Véase lo que nos revela uno de los exponentes de la Doctrina Espirita: "Es de los galeses de donde viene la conmemoración de los muertos, (…) solo que, en vez de conmemorar en los cementerios, entre túmulos, era en el hogar donde ellos celebraban el recuerdo de los amigos apartados, más no perdidos, que ellos evocaban a la memoria de los espíritus amados que algunas veces se manifestaban por medio de las druidas y de los bardos inspirados". (1)

    Resalta aquí, que los galeses evocaban a los han centrales muertos (divinidades) en los recintos de piedra bruta. Las druidas (sacerdotisas) y los bardos (poetas y oradores inspirados) eran verdaderos, "médium" y solamente ellos tenían consentimiento para consultar los oráculos (en la Antigüedad, respuesta de una divinidad a quien se consultaba)

    Los galeses, por tanto, no veneraban a los restos cadavéricos, más si al alma sobreviviente, y era en la intimidad de cada habitación donde celebraban el recuerdo de sus muertos, lejos de las catacumbas, diferentemente de los pueblos primitivos. La Fiesta de los Espíritus era de suma importancia para ellos, pues homejaneaban Samhain, "El Señor de la Muerte", festividad, esa, iniciada siempre en la noche anterior del 1º de noviembre, o sea en el día 31 de octubre. Esa celebración marcaba el fin del verano y el fin de la última cosecha del año. Acreditaban que los espíritus de los muertos, en los meses de invierno, saldrían de los túmulos helados para visitar sus antiguas moradas olvidadas y orientar a sus familiares. Los buenos, supuestamente, los protegerían, más, para confundir a los malos espíritus, se vestían de fantasías, lo que dio origen a la tradicional fiesta de Hallowenn de nuestros días.

    Sin embargo, una densa bruma descendió sobre la tierra de las Galias, a través del tacón de Roma, que expulsó a los druidas e impuso el Cristianismo clérigo. Ese periodo histórico de frenética agitación, más tarde fue mutilado por los bárbaros, sobreviniendo una madrugada de diez siglos. (La oscura Edad Medía) que proscribió el espiritualismo e entronizó la superstición, lo sobrenatural, el milagro, la beatificación, la santificación y la definitiva narcotización de la conciencia humana, llevándola al analfabetismo espiritual.

    La historia oficial registra que fue en el Monasterio benedictino de Cluny, en el sur de Francia, en el año de 998, que el Abad Odilon promovía la celebración del día 2 de noviembre, en memoria de los muertos, dentro de una perspectiva católica. Por la influencia que ese Monasterio, entonces, ejercía en Europa septentrional se propagó con rapidez la nueva celebración, hasta porque vino al encuentro de las costumbres arraigadas en todas las culturas, cada cual con su entendimiento y su practica, obviamente, en cuanto adorar a los muertos solamente en 1311 fue sancionada, en Roma, oficialmente a la memoria de los fallecidos, más fue Bento XV quien universalizó tal celebración, en 1915, de entre los católicos, cuya expansión de la religión auxilio, aun más para la difusión f de esa costumbre.

    La legislación vigente llega a declarar el día 2 de noviembre como feriado nacional, con el objetivo de las personas poder homenajear a sus parientes y amigos fallecidos. Nosotros, los espiritas, somos cuestionados sobre el tema: ¿Cómo analiza el Espiritismo el día de los muertos? Responderemos a esa cuestión, de la siguiente manera: las religiones hablan excesivamente, en lo que atañe a las enseñanzas de las esenciales nociones sobre la inmortalidad del alma, sin embargo una y otra ya tenían alguna noción de lo que sea. Aunque, aun insignes, si se compara con las enseñanzas de luz, dictados a Allan Kardec, y contenidos en el "Libro de los Espíritus". De hay la razón por la cual, en el día de los difuntos, las personas se dirigen a los "campos santos", como si el cementerio fuese la morada eterna de aquellos que desencarnaron. "El Libro de los Espíritus" nos enseña el respeto a los desencarnados como un impositivo de fraternidad, sin que materialicemos ese sentimiento frente a los túmulos, ni que tales recuerdos u homenajes sean realizados en un día especial, oficialmente establecido.

    En los días de hoy, esa celebración se desvió, y mucho, del ritual religioso, transformándose del foco sentimental y emocional para el comercial, una vez que la mercalización de flores, velas, santos, escapularios y la eventual preocupación de la conservación de los túmulos (normalmente solo son recordados en noviembre) responden por ese protocolo social. El celo con que son cuidados los túmulos solo tiene algún sentido para los encarnados, que, más allá, se deben precaver para no crear un extraño tipo de culto. No debemos convertir las necrópolis vacías en "salas de visitas al más allá", como dice Richard Simonetti, (2) hasta porque, hay locales más indicados para acordarnos de aquellos que desencarnaron.

    Aunque no reprobemos, de manera absoluta, las pompas fúnebres, pues el homenaje a la memoria de un hombre de bien, "son justas y de buen ejemplo" (3), el Espiritismo revela que el deseo de perpetuar la propia memoria en los monumentos fúnebres viene del postrero acto de orgullo. "la suntuosidad de los monumentos fúnebres determinada por los parientes que desean honrar la memoria del fallecido, y no por este, aun hace parte del orgullo de los parientes, que quieren honrarse así mismos. No siempre es por el muerto que se hacen todas esas demostraciones, más si por el amor propio, por consideración al mundo y para la exhibición de la riqueza." (4) La tumba es el lugar común de encuentro de todos los hombres y en ella se quedan, sin ninguna distinción, todas las distinciones sociales. Cara a eso, es inútil el rico intentar perpetuar su memoria por medio de fastuosos monumentos. Los años los destruirán, así como a su propio cuerpo. Esa es la Ley de la naturaleza. La recordación de las buenas y malas acciones será menos perecibles que su túmulo. La pompa de los funerales no dejará limpio de sus torpezas y no hará ascender siquiera de grado en la jerarquía espiritual. (5)

    Procuramos, más, el lado cómodo, arraigándonos al formalismo material y despreciamos la esencialidad del ser, motivo por el cual obligó a Jesús expresarse a los escribas y fariseos de su época: "sois semejantes a los sepulcros cayados, que por fuera parecen hermosos, más por dentro están llenos de huesos de cadáveres y de toda especie de podredumbre". (6)

    De la cuestión 320 a la 329 del Libro matriz, que dio origen al Espiritismo, recibimos lecciones de extrema importancia sobre funerales y celebración en memoria de los "muertos", veamos: los Benefactores afirman que los llamados "muertos" son sensibles a las llamadas de los que los amaban en la Tierra y que, de alguna forma, "el ser recordados les aumenta la felicidad si son felices, y si son infelices les sirve de alivio."(7) Sin embargo, refiriéndose al día de los "difuntos", atestiguan que es un día como otro cualquiera, hasta porque los espíritus son sensibles a nuestros pensamientos, no a las solemnidades humanas. En el día de los difuntos ellos solo "se reúnen en mayor número, porque mayor es el número de personas que los llaman, Más cada uno solo comparece en atención a sus amigos, y no por la multitud de los indiferentes."(8)

    No podemos desconocer que el pensamiento es una fuerza y que es atributo característico del ser espiritual; "es el que distingue al espíritu de la materia; sin el pensamiento el espíritu no seria espíritu. (…) ¡Si tiene la fuerza de actuar sobre los órganos materiales cuanto mayor no debe ser sobre los elementos fludicos que nos rodean! El pensamiento actúa sobre los fluidos ambientales, como el sonido sobre el aire; esos fluidos nos traen el pensamiento, como el aire nos trae el sonido. Así, por la comunión del pensamiento, los hombres se asisten entre si y, al mismo tiempo, asisten a los Espíritus y son por estos asistidos". (9)

    La tradicional visita al túmulo, en masa, no significa que valla a traer satisfacción al "muerto", porque una oración hecha en su atención vale más. Es bien verdad que la: "visita

    Al túmulo es una manera de manifestar que se piensa en el Espíritu ausente: es la exteriorización de ese hecho (…) más es la oración lo que santifica el acto de recordar; poco importa el lugar si el recuerdo es dictado por el corazón." (10) Conocemos personas (en el más allá muchas de ellas) que solicitan, antes mismo de morir, que sean enterradas en tal o cual cementerio. Esa actitud, sin sombra de duda, demuestra inferioridad moral. "¿Que representa un trozo de tierra, más que otro, para un Espíritu elevado?"(11)

    En cuanto a las honras que tributan a los despojos mortales de parientes y amigos, el Espiritismo esclarece que en el momento en que el Espíritu llega a un cierto grado de perfección no tienen más la vanidad de la sociedad humana y comprende la futilidad de tales solemnidades. Con todo, hace una reserva sobre algunos, pues hay "Espíritus que, en el primer momento de la muerte, gozan de gran satisfacción con las honras que les tributan, o se disgustan con el abandono al que lo lanzan su envoltorio, pues conservan aun algunos preconceptos de este mundo." (12)

    ¿El difunto asiste a su entierro? "Muy frecuentemente el asiste". (13) Esclarecen los Benefactores - "algunas veces no percibe lo que pasa, si aun está perturbado" (14) - complementan.

    Muchas veces el fallecido presencia a sus herederos en reuniones de particiones, disputándose como chacales en disputas por la herencia.

    "En esa ocasión que [el fallecido] ve cuanto valían las propuestas que le hacían. Todos los sentimientos se tornan patentes, y la decepción que experimenta, viendo la rapacidad de los que dividen su expolio."(15

    ) Reflexionemos juntos: ¿el día 2 de noviembre es consagrado a los fallecidos libres u a los muertos que aun están atados a la vida material? Existen dos posibilidades de muertos: los que se sienten totalmente libres del cuerpo carnal, sin embargo "vivos" para una vida espiritual plena, y los que permanecen con la sensación de que, aun, están encarnados, sin embargo "muertos" para la vida física, pues solamente vivencian, en la espiritualidad, la vida animal. "para el mundo, muertos son los que se despojan de la carne; para Jesús, son los que viven inmersos en la materia, ajenos a la vida primitiva que es la espiritual. Es lo que explica aquella celebre enseñanza evangélica, en que la persona se apresuró a seguir al Maestro más antes quería enterrar a su padre que había fallecido, y Jesús proclamo" (16)- "Deja a los muertos de enterrar a sus muertos, tu, sin embargo, ve a anunciar el Reino de Dios". (17)

    La visita a los túmulos es un acto exterior, que evoca recuerdos de los entes queridos desencarnados y es la manera de las personas demostrar el afecto y cariño que sienten por ellos, más solo tendrá su debido valor, si esa actitud es realizada con subida intencionalidad. No debe, por tanto, representar un compromiso social y ni ser corrompida con manifestaciones de desesperación, de cobranzas, de acusaciones, como suele ocurrir en muchas ocasiones. En verdad, si la visita a los túmulos no es condenable, ella e totalmente innecesaria, hasta porque incluso el fallecido no se encuentra en el cementerio, pudiendo ser recordado y homenajeado a través de la oración, en cualquier momento y en cualquier lugar. Por tanto, nuestros entes queridos ya fallecidos pueden ser recordados en la propia intimidad y en el calor del hogar, a la inversa de la frialdad de los cementerios y catacumbas.

    Es obvio que "tiene sentido rememorar con alegría y no lastimar a los que ya partieron y que están plenamente vivos. Finado es una mezcla de alegría y dolor, de presencia ausencia, de fiesta y de pesar. A los que quedamos por aquí, nos cabe reflexionar y celebrar la vida con amor y ternura, para después, quizás, amargar con el remordimiento. A los que partieron, nuestra oración, nuestra gratitud, nuestro pesar, nuestro cariño, nuestro amor!(18)

    Si somos capaces de orar, con serenidad y confianza transformando el pesar en esperanza, sentiremos la presencia de los parientes y amigos desencarnados entre nosotros, envolviéndonos el corazón con alegría y paz. Por esta razón y muchas otras, hagamos del día 2 de noviembre un día de reverencia a la vida. Recordando cariñosamente a los que nos antecedieron de retorno a la patria espiritual, y también a los que con nosotros aun jornalean por los caminos de la existencia terrenal.


    FONTES:
    (1) Denis, Leon. El genio céltico y el mundo invisible. Río de Janeiro: Ed.CELD. 1995. p. 180
    (2) Disponible en http://comunidadeespirita.con.br/Inmortalidad/quemtemmedo/extraño culto.htm
    (3) Kardec, Allan. El Libro de los Espíritus, Río de Janeiro: Ed. FEB, 2001, Perg. 824.)
    (4) Kardec, Allan. El Libro de los Espíritus, Río de Janeiro: Ed. FEB, 2001, Pergs. 823 y 823a.
    (5) Ídem (Ver item 320 y siguientes)
    (6) (Mateus 23:27)
    (7) Kardec, Allan. El Libro de los Espíritus, Río de Janeiro: Ed. FEB, 2001, Perg 320
    (8) Ídem pregunta 321-a
    (9) Kardec, Allan. Revista Espírita, diciembre de 1864 - "De la Comunhão del pensamiento"
    (10) Ídem pregunta 323
    (11) Ídem pregunta 325
    (12) Ídem pregunta 326
    (13) Ídem pregunta 327
    (14) Ídem pregunta 328
    (15) Artículo de João Demétrio intitulado: Finados la Luz del Espiritismo, disponible en la web
    (16) http://www.feal.con.br/colunistas.php?art_id=6&col_id=9> acessado en 26/10/07
    (17) (Lucas 9, 51-62)
    (18) Editorial del Periódico Mundo Espírita - noviembre.2006

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